Este es el mejor tronco del mundo

Al «mejor banco del mundo» de los acantilados de Loiba le ha salido un duro competidor. En el pinar de la playa de Doniños, un desnudo asiento de madera, sin respaldo ni forjados, se ha convertido en otro mirador excepcional


Puede que el titular elegido sea demasiado categórico. Tal vez habría sido mejor un «¿Es este el mejor tronco del mundo?». Así, entre interrogaciones. Sin tanta contundencia. Para no crear suspicacias ni dar lugar a debates estériles. Pero lo que está claro -y nadie puede discutir- es que los tres troncos que alguien decidió colocar un día en una de las laderas de la playa ferrolana de Doniños, a modo de humilde asiento, se han convertido en un nuevo lugar de peregrinaje para los amantes de las vistas de postal. Sin llegar a desafiar al famoso banco de los escarpados acantilados de Loiba, en Ortigueira -porque para hacerse fotos en estos troncos todavía no se forman grandes colas ni se organizan excursiones de turistas-, lo cierto es que este mirador congrega cada vez a más a visitantes. Como suele suceder muchas veces, alguien colgó una foto en Facebook, los «likes» comenzaron a multiplicarse... Y de buenas a primeras, el desnudo y humilde asiento empezó a recibir a más y más curiosos.

Pero ¿desde cuándo están ahí los preciados pedazos de madera? Nadie se atreve a dar una fecha concreta, aunque sus más fieles admiradores recuerdan el lugar tal y como lo ven ahora desde hace ya quince o incluso veinte años. Entre ellos se encuentra Isa Escrigas, quien junto a su pandilla de toda la vida tenía allí uno de sus puntos habituales de reunión. «Ahora voy menos, porque vivo en A Coruña, pero cuando vuelvo a Ferrol solemos quedar allí. Somos muy playeros y, si el tiempo no acompaña para darse un baño, o estamos en el bar de Pichu o subimos a los troncos», comenta esta ayudante de dirección.

El «bar de Pichu» no es otro que O’Alpendre, un idílico chiringuito situado al pie de la playa de Doniños donde muchos suelen parar a tomar el café o la cerveza antes de ascender al mirador de los troncos. De la boca de Pichu solo salen piropos al hablar de esta privilegiada atalaya, desde la cual se obtienen unas espectaculares vistas del arenal, pero también de Monte Ventoso (situado justo al otro lado de la playa, sobre Prioriño), de la entrada de la ría de Ferrol y hasta de la torre de Hércules en días despejados. «Es un punto de parada habitual para la gente que va a correr al pinar, pero también para los senderistas que caminan hasta el castro de Lobadiz y para los surfistas, porque desde esa ladera se ve muy bien cómo entran las series de olas», comenta Noel González, «Pichu».

Luis Díaz Arribe, Luisón, otro fan confeso de los troncos, destaca además su carácter «intergeneracional». Y es que el rústico asiento de madera no solo es codiciado por pandillas de jóvenes y adolescentes, sino también por personas mayores y por muchos padres acompañados de niños pequeños, que aprovechan la visita al mirador para adentrarse en el pinar y jugar a lo Tom Sawyer en unas curiosas cabañitas construidas en torno a dos árboles a pocos metros de los troncos. «Hay dos y están hechas con ramas caídas y jaspallada de los pinos», explica Luisón.

Otras atalayas cercanas

¿Has tomado ya buena nota de este tronco y has decidido conocerlo? Pues, si es así, no estaría mal que aprovechases la excursión para descubrir otros dos bancos que bien merecen una visita en la ría de Ferrol. El más próximo al de Doniños se encuentra en lo alto de Monte Ventoso, donde se obtiene una estampa igualmente estremecedora de la playa, solo que a vista de pájaro, porque está situado en un punto mucho más elevado. Hace ya dos años Tato Robles, un vecino de Ferrol, lo construyó y colocó allí para darle una sorpresa a Mariquiña, una buena amiga que pasaba por un mal momento. Y en homenaje a la susodicha, lo bautizó como el banco más «cuki», ya que esta es una de las expresiones más utilizadas por Mariquiña, hasta el punto de que algunas amigas la llaman «Maricuki».

Para finalizar el recorrido, y saltando desde Monte Ventoso hasta el Monte de Ancos, en Neda, al viajero le espera otro banco con preciosas vistas, pero no de la costa, sino del interior de la ría ferrolana. Construido por el carpintero, Juan Manuel Mosquera, se inauguró en mayo del 2018 y fue bautizado como el «más original del mundo».

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