El lujo envenenado de vivir en el rural de Ferrol

La falta de servicios condiciona el día a día de unos vecinos satisfechos con su entorno


ferrol / la voz

Casi uno de cada diez ferrolanos reside en el rural. Conviven con el lujo diario de un entorno privilegiado y también con los problemas derivados del aislamiento y la falta de servicios. Las parroquias suman el 80 % del suelo del municipio, pero no reciben una inversión acorde a su extensión que garantice el mantenimiento adecuado de la zona. A la dispersión poblacional se suman carencias básicas como el saneamiento, una demanda histórica y prometida uno tras otro por sucesivos gobiernos, pero que ninguno ha llevado a cabo. La escasez de líneas y frecuencias de transporte público alejan a los habitantes del rural de los centros administrativos y sanitarios y los abocan a la dependencia del coche propio. Y muchas veces, contar con Internet o, simplemente, recibir sin interferencias la señal de televisión es todo un reto.

Pero pese a todo, son muchos los vecinos satisfechos por haber elegido vivir en el rural. «No lo cambio por nada del mundo», corrobora María Dopico, sentada en el porche de su casa mientras contempla las espectaculares vistas hacia Penencia y el lago de Doniños. Reside allí junto a su pareja desde hace unos once años «porque nos encanta el campo», y desde entonces «no le veo ningún problema, son todo ventajas». Para ella no es un hándicap tener que coger el coche para ir a trabajar al centro de Ferrol. «Estás a diez o quince minutos. Es muy cómodo», defiende. Y aprovecha su incursión diaria a la urbe para cuestiones como la compra. Aunque si no fuese así, tampoco supondría un impedimento, porque «algunos supermercados te traen la compra hasta aquí».

Emprender es difícil, pero aún más si se hace en la zona rural. Lo saben bien desde Covas Vegetal, una empresa agrícola que reparte productos a domicilio desde finales del 2014. El balance es positivo y «vamos mejorando cada vez más», asegura Ángela del Río, socia de la empresa.

Mala cobertura de Internet

Para ella, operar desde allí no supone problema alguno. «Si me dices que estás en medio de Ourense alejado de todo... pero aquí en Covas tenemos de todo». Aunque con una salvedad: la deficiente señal de Internet, vital para su negocio. «A lo mejor tarda dos horas en llegar un pedido. Y cuando vuelve la señal, ya es muy tarde para poder enviarlo al día siguiente. Pero se lo explicas al cliente y no hay problema», apunta.

Ana Couce se estrenó en esto del rural hace apenas dos meses. Abrió en Montecoruto (A Cabana) A Tendiña, un ultramarinos de toda la vida, y la experiencia hasta hora es más que positiva. Ubicarse en la zona rural lejos de ser un inconveniente para ella está lleno de beneficios. En pleno cruce de carreteras, frente a la farmacia, «el lugar es estupendo, es lo que más me animó a abrir el negocio». La logística tampoco es un problema: «Muchos proveedores me traen la mercancía hasta aquí». Y uno de los pros es el que sostiene su forma de negocio: «La cercanía con el cliente. Aquí la gente es muy cariñosa».

«La situación de la zona rural es muy mejorable», reconoce la concejala del área, Rosa Méndez. Ella misma vive a caballo entre Doniños y Esmelle, y lo sabe por experiencia propia. «Yo como vecina sigo teniendo las mismas quejas que hace cinco años», admite. Por eso entiende las protestas de sus convecinos. «Llevo allí treinta años y todos los gobiernos han pasado de puntillas por el tema del saneamiento», apunta, incluido el suyo. «Pero a mí no se me ocurriría decirles que se va a solucionar todo en cuatro años». Asegura que durante el mandato «no hemos parado de mirar por el rural y hemos hecho todo el esfuerzo posible», aunque los resultados no hayan sido suficientes o haya habido problemas como con el contrato de los desbroces.

La edila asegura que se han hecho muchas inversiones desde distintas áreas, pero apela a las dificultades económicas. «Ferrol tiene una zona rural inmensa, es diferente a otros sitios. Y al estar incluida en una ciudad, las ayudas se reducen muchísimo», justifica. No obstante, «hay que reivindicar el rural, que es la gran asignatura pendiente de Ferrol. Pero también puede ser su locomotora», concluye.

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