Martín Chirino: «Quiero un lugar en la historia, que mi tribu me recuerde»

En el año 2006 el escultor canario, una de las figuras centrales del arte contemporáneo, reflexionaba en Galicia sobre la creación y exponía en Ferrol la columna vertebral de su trabajo: su obra en hierro


En la sede ferrolana de la Fundación Caixa Galicia, en un muy bello edificio del siglo XVIII que antes de ser rehabilitado para el arte cumplió, entre otras funciones, las de cárcel pública y gobierno militar, exponía Martín Chirino (Las Palmas de Gran Canaria,1925), aquel año 2006, una veintena de esculturas. Exactamente, 22 piezas de hierro que permitían contemplar la constante evolución de uno de los grandes creadores de la Europa del siglo nuevo. Eran las formas, siempre inquietantes, nacidas de las manos de un artista obsesionado no solo por la luz, sino también por desentrañar el sentido último de lo inaprensible, por buscar sin descanso en la oscuridad que acecha. Esta, que hoy recuperamos, es la conversación mantenida junto a ellas:

-Y hablando de luces, permítame: esta luz, la del Atlántico, la que tanto suaviza, como usted mismo dice, los perfiles de sus obras, ¿la siente como suya después de haber profundizado una vida entera en la herencia creadora del Mediterráneo?

-¿Por qué no...? ¡Sí, claro que sí...! Ustedes, al mirar mis esculturas, lo que yo he hecho, piensan mucho en la luz mediterránea, que es una luz que nosotros, los de mi generación, hemos aprendido a valorar a través del raciocinio, del conocimiento. Pero yo siempre he tenido a mi lado la luz del Atlántico, la que permite avanzar por el mar, la que te invita a ir tras el horizonte. La luz de la esperanza. Yo soy, no lo olvide, un hombre insular, para el que paisaje interior ha sido de desesperanza siempre. Por eso la esperanza está en la lejanía... ¡Eso forma parte de la condición del hombre canario!

-¿Hasta qué punto influyen sus raíces vitales, su propio origen, en lo que ha creado y en lo que crea?

-Mire: toda mi obra responde de alguna manera a mis orígenes. La obra importante va desde ahí, desde el origen, al universo. A un universo que no sabemos lo que es, pero del que sí podemos decir que es intemporal y, por tanto, afi rmar que su significado es el de lo más grande.

-De lo más grande... ¿pero quizás también de lo más oscuro?

-De lo más oscuro, sí. Pero el artista mira permanentemente hacia la oscuridad. Cuando creamos nos situamos siempre ante el misterio, en una situación de extrañeza. Ahí es donde las cosas  importantes suceden, en ese territorio rayano con lo ignorado. Pienso en Foucault y me pregunto si la creación no surge en las fronteras del delirio. Quizás la  locura no es más que un orden diferente del caos. Siempre me ha preocupado mucho eso...

-Y desde su perspectiva de hoy, desde la que aportan tanto el paso del tiempo como su propia reflexión sobre la realidad, ¿qué le sugieren los significados de palabras como creación o ?permítame? como éxito?

-La creación es ante todo una pasión, para mí. La persecución de una entelequia. Al crear te hundes en una indagación, buscas...

-¿A través del lenguaje?

-Sí, a través del lenguaje, por supuesto. Buscas donde no está el raciocinio. Son esas mismas fronteras del delirio, de las que antes hablábamos. Es el dintel, el umbral de la locura.

-De ese umbral del que habla también Lobo Antunes.

-¡Lobo Antunes, por supuesto...! Es un escritor que me encanta.  Pero a mí me gusta sobre todo leer a Joyce, es él quien nos lleva a  la última de las fronteras, hasta el lugar en el que te acercas al conocimiento y las  cosas se vuelven estremecedoras. Cuando lees el Finnegans Wake, lo inaprensible está más cerca.

-¿Y con Faulkner...?

-Faulkner a mí me hace sudar. Su narrativa es algo que siento físicamente. Porque habla de esa América profunda en la que yo he vivido mucho tiempo y que conozco bien. Pero me preguntaba usted también por el éxito, creo. ¿O no?

-Sí.

-El éxito, el afán de superación, forma parte de la historia del hombre, que siempre quiere volver aprensible aquello que no lo es, entender lo que sólo es susceptible de comprenderse de una forma parcial. Conseguir avanzar en esa búsqueda es el éxito, para mí. No el dinero. El dinero no me interesa. Tengo el bienestar que preciso.

-¿Es usted creyente?

-Soy creyente, sí. Pero en sentido estricto. Soy un hombre religioso. Lo soy, porque pienso en lo que  es de verdad trascendente. Por la desazón que me produce vivir cada día.

-Hábleme de la belleza.

-¡Ah, la belleza...! La belleza, ¿qué es? Porque todos sabemos las definiciones, peroluego, ya ve...¡Uno se pasa todo el día queriendo contar una historia que desconoce, que no sabe ni cuál es!

-En su primera etapa como creador, investigó usted mucho los vestigios de las culturas primitivas de su archipiélago, formas como la espiral. Luego vino su renovada pasión por el legado de Grecia, más tarde su entusiasmo por Miguel Ángel. En fin, son sólo ejemplos. Pero  la tradición tuvo mucho peso en su formación como artista, por lo que veo.

-Es verdad, ahí estuvo la tradición. Y después la he respetado. Pero la tradición es necesario violentarla, está para eso, para...

-¿Deconstruirla...?

-Exacto. Sin deconstrucción no  podemos meternos por los intersticios  que deja la obviedad. Quiero  un lugar en la historia, ¿sabe? En  la historia de los míos. Quiero que mi tribu me recuerde. No sé para qué, pero lo quiero. Igual que quiero ser tolerante. Sé que la verdadera batalla es la que uno libra con la confusión. La confrontación no me interesa.

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