La pipa de la paz


Ferrol

Pues claro que en los plenos municipales se toman acuerdos muy beneficiosos para la ciudad. Faltaría más. Por ejemplo, la aprobación del tratado sobre prohibición de armas nucleares. Los veinticinco concejales, hace unos días, repasaron el cuaderno de asuntos pendientes y necesidades municipales y vieron que estaba todo cubierto. En la ciudad naval no hay nada que hacer, las calles brillan, los jóvenes tienen trabajo, los vecinos salen a las plazas sonrientes y felices. Pensaron, entonces ¿qué hacemos? Pues lo obvio, declarar Ferrol territorio libre de armas nucleares. Y así fue. Se aprobó una declaración «simbólica», nos dicen, sin efectos prácticos porque los Ayuntamientos son incompetentes en estos asuntos. Y, además, España ya tiene firmado con carácter indefinido desde 1995 el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. No importa. Ferrol ya tiene su declaración plenaria (irrelevante, simbólica, líquida o como quiera adjetivarse) y con eso ya nos quedamos más tranquilos y somos más pacifistas que nadie. Además, en esta ciudad inexpugnable no nos hacen falta los misiles nucleares para nada. ¡Menudos somos si algún enemigo nos quiere invadir! Rápidamente extendemos la cadena entre los castillos de San Felipe y San Martín y cerramos la entrada a los buques de guerra. Y la red antisubmarina Bullivant, las minas hidrostáticas Carbonit y los torpedos automóviles Schwartzkopff, activados de nuevo por la Estación Torpedista. Por supuesto, volveríamos a montar los enormes cañones Vickers que no acertaban en el blanco ni por casualidad, pero cómo asustaban. Y colocaríamos los cañones de la Cortina en sus cureñas, para que se vieran bien desde fuera de la ría y se lo pensaran dos veces antes de atacarnos. Las Herrerías volverían a producir a toda mecha toda clase de armas blancas, especialmente chuzos, con los que siempre tuvimos una habilidad especial. Y la Sala de Armas recobraría su función inicial; únicamente enseñando su foto en las redes sociales (los conflictos bélicos actuales se retransmiten por televisión y canales de Internet) ya les infundiría un temor insuperable a los potenciales invasores.

Definitivamente queda demostrado el acierto de los concejales. Ferrol no necesita misiles nucleares. Es momento, ahora que tienen tiempo libre y la ciudad convertida en un paraíso, de que organicen una comitiva y visiten las sedes de la ONU y la OTAN para llevarles la resolución del pleno. Y explicarles, ya de paso, la gran ventaja que supone no tener bombas atómicas ante el largo período electoral que se nos avecina. Los candidatos tendrán que luchar cuerpo a cuerpo, como debe ser, y no lanzándose misiles desde kilómetros de distancia. Y al final, fumar la pipa de la paz.

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