Tilia americana nova


La felicidad llegará a Ferrol cuando florezcan los tilos de la plaza de Armas. Yo no tengo ninguna duda al respecto. Y ustedes háganme el favor, no sean tan incrédulos y sigan conmigo a los ilustrados, que para eso nacimos donde nacimos. Por ejemplo, a Denis Diderot, uno de los artífices de la Enciclopedia, la mayor recopilación de conocimiento de las artes y las ciencias que se hizo en siglos. Diderot nació en 1713 en Langres, Francia, una villa situada entre La Borgoña y La Champaña, relativamente cerca de París. Cuando vivía allí se levantaba a las cinco de la mañana para ir a Blanchefontaine, un paseo compuesto por hileras de tilos que finalizaban en una fuente. Era el paisaje más bello del mundo en el que Diderot se sentía feliz. Tal vez por su prescripción los paseos, alamedas, jardines botánicos y parques europeos debían tener tilos. Así se convirtieron en un signo de modernidad, de fomento del esparcimiento, del paseo sosegado. Los tilos tenían que estar en los mejores lugares de las ciudades, como en el caso del Berlín prusiano. El paseo de los tilos (Unter den Linden) berlinés, que antes unía el castillo real con su coto privado de caza, hoy une la puerta de Brandeburgo con la Isla de los Museos, y continúa albergando la Academia de Arte, la Universidad Humboldt y el Museo Histórico entre otras instituciones.

Europa respira la fragancia tranquilizadora de los tilos y Ferrol, que sigue estando en Europa -o algo parecido- no se podía quedar atrás. Así lo debió pensar Carlos Pita, el arquitecto que ganó el concurso para la remodelación de la plaza de Armas con su proyecto «Lugar de todas las ocasiones», rebautizado a la baja como «Lugar de todas». El proyecto prevé el cambio de baldosas de hormigón por tierra compactada, la eliminación de los coches y la plantación de los benefactores tilos, en su variedad tilia americana nova. La casualidad -y un algoritmo buscador en internet- me llevó a aterrizar en el blog de un estudio de paisajismo de Melide que explica cómo han propuesto la variedad tilia americana nova en la «remodelación de una plaza ubicada en la zona norte de la provincia de A Coruña». Un árbol de copa amplia, hoja ancha en forma de corazón y color verde oscuro, flores fragantes de color amarillo pálido, sin presencia de espinas, no venenoso y adecuado para abejas y mariposas. En fin, un árbol amable, terapéutico y regenerador, del que se extrae la tila, infusión ansiolítica, relajante y antiestrés.

Con su primera floración, si alguna vez se produce, los tilos cambiarán los aires contaminados del diésel por aromas salutíferos, y los ferrolanos respiraremos felicidad contemplando el neoclásico castillo de los pirulitos. Créanme.

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