La nueva vida del tren de vía estrecha

La mayoría de los usuarios conocieron ayer un cambio que ven con esperanza, porque se ajusta más a su día a día


ORTIGUEIRA / LA VOZ

José Amador Varela, ortegano de 39 años, apenas pasó frío en la estación de Ortigueira mientras esperaba a su madre. El tren llegó «puntualísimo», como ya casi no recordaba Piedad Martínez, de 69 años. «Cuando cumple el horario, es ideal», opina esta mujer, que se mueve con frecuencia entre Ortigueira y Ferrol. Este tramo del ferrocarril de vía estrecha, el viejo Feve, hoy dependiente de Renfe y Adif (infraestructura), estrenaba frecuencias ayer. Los cambios comenzaron el domingo, pero el lunes fue el primer día laborable con salidas de la villa ortegana a las 6.35 horas -con la sorpresa de las pintadas, en un lateral de los dos vagones-, a las 11.05 y a las 18.40; y a la inversa, a las 9.35, 14.45 y 20.05.

La mayoría de los usuarios ignoraban la existencia de un tren tan madrugador, que permitirá a muchos ir y venir en la misma jornada. «Pero estamos á metade do curso, co piso alugado e non podes romper con todo dun día para outro», comentaban dos jóvenes universitarias de la zona. El viveirense Andrés Díaz, que cursa un máster en el campus ferrolano, lamentaba que la mejora no alcance A Mariña lucense, o al menos su ciudad, «porque un tren a esa hora facilitaría la llegada a Ferrol y también los enlaces para ir hacia A Coruña».

En la estación de Ortigueira una cobradora de la firma Logirail informaba a los viajeros y emitía billetes. Una pareja de jubilados de Mera se alegró de encontrar el edificio abierto -con el cambio de horarios hay personal todo el día- para comprar la tarjeta. Hoy tienen una cita médica en Ferrol. Entre el personal también se percibía ayer cierta esperanza. «Hay que tocar madera, llevamos un mes sin incidencias [ni averías, ni retrasos, ni transbordos por carretera], una racha muy buena, funciona todo. ¿Interventores? Deberían venir pronto, ayudan a los viajeros y tú vas más despreocupado, no tienes que parar en todos los apeaderos, sabes dónde se bajan», comentaba un maquinista.

José Luis Castrillón, jefe de estación en San Sadurniño, con 38 años de oficio, corroboró el despiste de algunos: «Cuando llegaron ya había pasado el tren [...]. De aquí salen, sobre todo, estudiantes, aunque muchos van a Pedroso [...]. Hubo épocas en las que se llenaba ya aquí». «Ser ferroviario se acabó -sentencia, con añoranza-, ahora es gente que trabaja en el ferrocarril». A la estación de Cerdido los nuevos horarios llegaron sin apenas tiempo de que los vecinos se enteraran. Las viviendas en ruinas del otro lado del andén hablan de un pasado mejor. La máquina de emisión de billetes no funciona. Eso sí, las vías lucen limpias en casi toda la línea y los trenes circulan con puntualidad británica.

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