«El atropello no fue un despiste, había alcohol y el que lo hizo debe hacerse responsable»

Un conductor ebrio y sin carné en vigor se llevó por delante en noviembre la vida de su padre: «Es una muerte que no se merece nadie», dice María José Golpe


FERROL / LA VOZ

Eran alrededor de las seis y media de la tarde del jueves 8 de noviembre. Manuel Golpe Deibe, un vecino de 71 años del barrio de San Xoán, se encontraba con su esposa, Juana, cerca de su casa. Tenían que hacer unos recados, pero como a esa hora llovía tanto en Ferrol, él le dijo que la esperase en una cafetería. «Voy hasta Alcampo y a la vuelta te recojo, así no te mojas». Nada más salir, cuando estaba acabando de cruzar la carretera de Castilla por un paso de peatones, un conductor ebrio y sin carné en vigor se llevó su vida por delante. «Mi madre lo vio todo», expresa a La Voz su única hija, María José Golpe Medín (43 años).

Estaba en el trabajo cuando, a media tarde, un familiar le fue a comunicar que su padre había sido atropellado. Nada más. «Cuando me dijeron la zona, dije: “Bah, no será mucho, quizás un golpe. Es un lugar transitado en el que hay que ir despacio por los pasos de cebra y los cruces”. Mi esperanza era esa», rememora. Sin embargo, todo cambió cuando entró en la residencia: «Cuando llegué -suspira-, lo vi allí, vi su cara, y me dije: “No puede ser”». Manuel había fallecido en el traslado en ambulancia.

Después de que la Policía Local le contase todo lo que había ocurrido, preguntó, lo primero, si el conductor había dado positivo en alcohol o en drogas. Le dijeron que sí. Las pruebas realizadas a J. M. D. P., de 41 años, arrojaron un resultado de 0,71 miligramos de alcohol por litro de aire espirado. Casi el triple de lo permitido. Además, notificaron que no estaba en posesión del carné de conducir desde unos años atrás, por haber perdido los puntos y no haber realizado el curso de reciclaje para recuperarlos.

«Ahora, con el tiempo, he entendido que fue un accidente, pero me duele el hecho de que no fuese un despiste, sino que había alcohol detrás. Él tiene que hacerse responsable de lo que ha hecho porque aún encima estaba conduciendo sin tener permiso para hacerlo», reflexiona María José, a la que más de una vez, sobre todo en los primeros días, se le pasó por la cabeza la palabra «asesino». Pronto se celebrará el juicio. «Pero la justicia no nos va a devolver nada», subraya su pareja, Gonzalo Agorio, también presente en la entrevista. «A mi padre no nos lo van a devolver, pero lógicamente el que lo hizo tiene que hacerse responsable», añade ella. Por el momento, no ha habido una disculpa desde el otro lado: «No, no se ha puesto en contacto con la familia para nada».

En lo que más insiste María José, no obstante, es en lo que le molesta que sea «socialmente aceptado» tomar alcohol, aunque sea poco, y coger el coche. «Uno cree que tiene las mismas facultades y capacidad de reaccionar, pero se sabe de sobra que no es así. Y es importante tomar conciencia de ese peligro», comenta la ferrolana, que reitera que sabe que el conductor no fue a por su padre, pero «no debía ni haber pensado en coger el coche». «¿Bebes? Vete en taxi o como sea, pero deja el coche en casa o donde estés. No puedes conducir», lanza a modo de mensaje.

Ahora, lo que le ocurre es que está «obsesionada» con los pasos de peatones, sobre todo cuando va en coche. Es más consciente de mirar mucho, observar quién quiere cruzar. «Con algo así te haces más consciente del peligro, también a la hora de cruzar como peatón», detalla. Asimismo, considera que los semáforos que en la zona fatídica están continuamente en ámbar deberían funcionar, y que los pasos elevados serían una buena opción para la carretera de Castilla, porque «el coche duele». «Es un lugar en el que están ocurriendo demasiadas cosas últimamente», señala.

En el apartado más personal, a María José le molestó ver que algunos medios reducían a su padre a ser «un septuagenario». «Mi padre era un hombre muy activo, con mucha fuerza, amigo de sus amigos, con empatía para cualquier persona y que ayudaba hasta donde hiciese falta. Caminaba mucho y era muy conocido en el barrio. Si te encontrabas con él por la calle, se paraba horas para hablar, era un gran conversador. Además, tenía redes sociales, no paraba», lo recuerda su hija, que con el tiempo ha notado más su ausencia. «Ahora piensas en cosas como no perder una nota de voz de WhatsApp que tenías, para guardar para siempre un recuerdo de su voz», dice. «Espero que todo esto ayude a concienciar. Para mí fue duro no poder despedirme, es una muerte que no se merece nadie», concluye.

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«El atropello no fue un despiste, había alcohol y el que lo hizo debe hacerse responsable»