Situación límite en el párking de Porta Nova: «Me mandan al paro con 50 años»

Los cuatro guarda-cajeros pederán su empleo el próximo 31 de enero si nada cambia. El coste de los garajes cercanos ya está subiendo

AGUSTÍN VEIGA, UNO DE LOS CUATRO EMPLEADOS AFECTADOS
AGUSTÍN VEIGA, UNO DE LOS CUATRO EMPLEADOS AFECTADOS

Ferrol

Agustín Veiga se asoma a través de la ventanilla de la cabina, en el párking de Porta Nova. «En los últimos 23 años he pasado más tiempo aquí que en mi casa», asegura. Lo rodean un ordenador, una televisión, un pequeño DVD, unas sillas y papeleo vario. En la pared, una foto firmada por Christian, un joven piloto de motocrós al que la empresa, Portanova Park S. L., patrocinó. Eran otros tiempos. Ahora, Agustín, de 49 años, y otros cuatro empleados, todos «con familia e hipoteca», están a punto de irse a la calle. «Me mandan al paro con 50 años, es una situación dura», relata. Desde hace tres años, cuando la firma entró en concurso de acreedores, no tiene vacaciones. Y ahora los turnos están siendo de 12 horas. Todo, si no cambia la situación, hasta el 31 de este mes, cuando la concesionaria tiene previsto bajar la persiana.

Antes, el jueves, habrá una reunión entre la abogada de los trabajadores, el abogado de la empresa, el administrador concursal y el alcalde, Jorge Suárez, sobre el que los empleados no tienen una buena opinión. «Dejaron caducar el rescate de la concesión cuando nos dijeron que estaba en marcha. No confiamos en lograr la subrogación», expresa Agustín. Y eso que, como deja claro, «esto podría dar dinero». Calcula entre 110 a 120 abonados en la actualidad. En el pasado, se alcanzó un 90 % de las 345 plazas.

Uno de los que lleva un tiempo es Julio Ríos, que después de aparcar valora que «esto forma parte del desmantelamiento de Ferrol», cuando en esta zona «hay más demanda que oferta de plazas de garaje». «Estoy intentando encontrar una, pero es complicado. Las que quedan son las que no quiere nadie. Es increíble que no haya nada en un barrio tan poblado», añade Julio. Dice que este párking «es el más activo de toda la ciudad», por lo que «algo falla» para que no pueda continuar abierto.

De hecho, los propietarios de los garajes próximos a Porta Nova están aprovechando la situación para subir las cuotas. De los 45 euros que valían antes la mayoría, han pasado a 60, 65 o incluso 70 euros. Por lo tanto, para aquellos usuarios que no quieren que sus vehículos duerman en la calle -aparcar en la vía pública también es difícil-, las posibilidades no pueden ser peores.

Otra abonada que lleva ya un tiempo, Loli Bello, comenta que también está buscando otro aparcamiento, aunque duda que lo pueda encontrar «tan cerca de casa». «Para mi la situación es muy mala, este era muy cómodo, también para tener el coche controlado. Recuerdo que una vez se me quedaron las luces encendidas y me llamaron para avisarme, este párking es muy familiar», resalta. Eso sí, si se lograse mantener abierto, cree que le haría falta «una buena reforma».

Además, esta instalación la utilizan muchos para hacer la compra en el supermercado que hay en el piso superior. Como Francisco González, una persona con una discapacidad que deja claro que «cómo no va a fastidiar» el cierre del párking. «A ver dónde voy a aparcar yo ahora», lamenta.

Mientras, los coches siguen entrando y saliendo, y nadie sabe nada de cómo se llevará a cabo el adiós, que podría dejar un enorme hueco vacío en el Inferniño.

Porta Nova suma problemas a la espera de recibir a las asociaciones

J. C. M.

Mientras la entrega de locales vacíos se dilata, se anuncia el cierre del aparcamiento

Los problemas crecen. Tres meses después de que venciera el plazo para que las entidades asociativas del municipio solicitaran locales en Porta Nova, el malogrado centro comercial del Inferniño sigue desierto. El área, donde solo sobreviven una óptica y el supermercado Gadis, languidece a la espera de esa nueva vida prometida. Y los desaguisados no dejan de sucederse. El último, el anuncio del inminente cierre del párking subterráneo por parte de la concesionaria.

La transformación de la galería comercial del Ensanche A en casa de las asociaciones -una propuesta concebida por el ejecutivo de Suárez para sacar partido a los locales vacíos en el céntrico inmueble- no acaba de materializarse. La aprobación de las bases para su concesión se hizo esperar más de un año. Y la convocatoria pública para que las entidades sin ánimo de lucro de la ciudad -salvo las asociaciones de vecinos-pudieran pedir optar a uno de los antiguos negocios no se abrió hasta el pasado mes de septiembre.

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