Cosas más importantes


Si le damos carta de naturaleza (en nuestro caso mejor sería otorgar patente de corso) a los contenidos escritos en las redes sociales, a Ferrol y los ferrolanos debemos atribuirles un nuevo elemento diferenciador, propio, esencial: el de las cosas más importantes. Ferrol es, además de la ciudad naval, la novia del mar, la capital del departamento marítimo, la cuna de las fragatas, la ciudad de las anclas, el fruto de la geopolítica o el modelo de ciudad academicista e ilustrada, el paraíso de las cosas más importantes. Las redes sociales así lo atestiguan. Las redes sociales, aquellas en las que no hay contacto social, las que se apoyan en la red virtual y la nube informática, ponen de manifiesto que en las páginas ferrolanas de Facebook, Twitter, Instagram, distintos blogs y chats, se ha apalancado de forma tenaz y persistente el colectivo de los partidarios de las cosas más importantes. Sus opiniones son claras: «mira tú si no habrá cosas más importantes en qué gastar los cuartos», «claro, el dinero no les duele, si no lo gastarían en cosas más importantes», «a eso se llama despilfarrar; los cientos de cosas más importantes que se podrían hacer en esta ciudad abandonada», y otras muchas de esta guisa. Sus fieles son tantos que podrían constituir un foro de amigos, sociedad, club, ateneo, sindicato o hasta un partido político. Hay que decir que un partido político más ni se notaría, ahora que se reproducen como las avispas velutinas para las elecciones municipales. Partido Ferrolano de las Cosas Más Importantes (Pafecomi, para abreviar), podría llamarse, y tendría un modo de actuar coherente con su filosofía, valores y su patrón de conducta. Tres son sus características destacables.

La primera es la de responder siempre y en primer lugar de la misma forma: «no habrá cosas más importantes que hacer que esa trapallada». La segunda es que esta respuesta actúa como un resorte automático ante cualquier idea, obra, propuesta o proyecto, sea del tipo que sea. Y la tercera -aunque tal vez la más importante- es que jamás, bajo ningún concepto, el fiel militante de la política de las cosas más importantes hará pública ninguna idea propia. Nunca dirá que se podrían invertir los fondos públicos en tal asunto ni que se debe atender aquella otra necesidad. Ni siquiera se atreverá a citar ningún ejemplo de algo relevante visto en otra ciudad o que funciona bien en otro lugar. Esto, por lo demás, es absolutamente lógico en este simpático colectivo. Si alguien cometiera el desliz de indicar qué sería importante sus correligionarios serían los primeros en contestar a todo filispín: «bah, menuda ocurrencia, mira tú si en Ferroliño no habrá cosas más importantes a que dedicar los cuartos».

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