Mercedes, vitrales y martirios


En ciertas labores de investigación es habitual vincular lugares, personas y hechos diversos cuando se cruzan fechas y acontecimientos que conforman un relato interpretable.

Comienzo mencionando lo acontecido el 10 de agosto de 1218 en Barcelona cuando, diez días después de mostrarse tres veces la Virgen María a San Pedro Nolasco, se funda la Celestial Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced con la tutela y apoyo de San Raimundo de Peñafort y del rey Jaime I de Aragón. Acaban de cumplirse ocho siglos de tal efeméride.

El colegio Tirso de Molina de Ferrol es el heredero local de la centenaria Orden que ha trocado su misión redentora de cautivos por el meritorio quehacer de la enseñanza.

Contigua al colegio está la iglesia que fue inaugurada el 11 de diciembre de 1926. En la mañana de aquel día tuvo lugar su bendición por Manuel Cereijo Muiños, provincial de la Merced de Castilla. Tras los rituales discursos y ceremonias, los asistentes pudieron contemplar el nuevo templo, admirando su arquitectura y muestras de arte. Es evidente la notable creatividad del arquitecto Rodolfo Ucha, que aportó a la Merced y a la ciudad una sobresaliente edificación religiosa.

De obligada mención son los vitrales que exhibe el templo. En la bóveda central está alojada una estrella decorada con vidrieras policromadas que muestran motivos mercedarios. A continuación los vitrales montados en el tabique posterior del coro, fabricados por la señora viuda de Bertrand de Barcelona, muestran personajes también relacionados con la Orden de la Merced.

Con franca esplendidez se nos muestran en el retablo del altar mayor los que fueron diseñados por Camilo Díaz Baliño, sobradamente considerado escenógrafo e ilustrador, sobre todo en tierras compostelanas donde habitualmente residía, aunque nacido en Ferrol y varios años vecino de A Coruña.

Para el diseño de las cuatro vidrieras Díaz Baliño atendió las indicaciones del Rector R. P. Luís Barros Fernández, con posibles doctas aportaciones del R. P. Pedro Nolasco Gaite. Comenzando por la izquierda se exhibe la imagen del rey Jaime I. En la contigua hacia la derecha está la figura de San Pedro Pascual. La tercera muestra al beato Juan Infante, presbítero mercedario. Y en la cuarta podemos contemplar a la beata Esclaramunda de Foix, reina de Mallorca.

Los cuatro vitrales debieron de ser elaborados y montados en algún taller especializado, una vez desarrollados los diseños sobre papel o cartón por Camilo Díaz Baliño. Es muy posible que se contase con la presencia del ilustrador en la inauguración de la iglesia y compartiese impresiones a todas luces satisfactorias con los también gallegos Manuel Cereijo Muiños y Luis Barros Fernández.

Fue aquel un grato y solemne escenario harto diferente del que aconteció una década después cuando ambos mercedarios, alojados en el convento madrileño de la Buena Dicha, fueron conducidos a la checa de Bellas Artes y, tras ser juzgados, ejecutados en el Palacio de la Duquesa de Esquilache. Encontraron sus cadáveres con los de otros religiosos en la calle Gustavo Fernández Valbuena y fueron inhumados en la Almudena. Trasladados en 1940 al monasterio mercedario de Poio, descansan en la capilla del Cristo o de los mártires.

Sus muertes acaecieron el 23 de un agosto rojo y negro de 1936. Odio y sangre en nuestras inveteradas e invertebradas patrias.

Diez días antes el escenógrafo Camilo Buenaventura Díaz Baliño fue protagonista de uno de los episodios del terror blanco al ser brutalmente asesinado y volcado en una cuneta perdida de la Galicia Mártir.

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