Montecoruto ya tiene su «tendiña»

A los 50 años y tras una vida laboral con muchos altibajos, Ana Couce se ha liado la manta la cabeza y ha abierto en A Cabana un ultramarinos «de los de toda la vida»


Ferrol

¿Quien ha dicho que a los 50 ya es muy tarde para emprender? Ray Kroc hizo de McDonald’s un imperio a los 52 y John Pemberton inventó la Coca-Cola a los 55. Ana Couce Ruíz (Ferrol, 1968) no aspira a convertirse ni mucho menos en multimillonaria, pero a sus cincuenta años sí confía en ganarse las habichuelas dignamente con el negocio que acaba de emprender. Su proyecto empresarial se llama A Tendiña y no es ni más ni menos que un ultramarinos de los de toda la vida, de esos en los que la tendera te recibe siempre con una sonrisa y en los que lo mismo puedes encontrar un buen pan y unas conservas para sacarte de un apuro que llenar la cesta de la compra con verduras, frutas y delicias artesanales con marcado sabor autóctono.

El establecimiento abre sus puertas en el lugar de Montecoruto, en una de las encrucijadas de caminos con más vida de A Cabana: frente a la farmacia y justo al lado de la jamonería El Cruce. «Confío en que me vaya bien porque el local está en un sitio estupendo. Además, en esta zona no hay ninguna tienda de este tipo y el producto que ofrezco está muy bien», cuenta ilusionada Ana mientras muestra algunos de los comestibles «selectos» que se pueden encontrar en las estanterías de su tienda. Desde las preciadas conservas de La Pureza de Cariño y Pedro Luis de Navarra hasta algunos de los quesos más laureados de Campo Capela, pasando por las roscas y barras del horno de Joane y el pan «do Manuel», las legumbres de producción ecológica del Rincón del Segura, las mermeladas artesanales de la marca Amieiro o las Maruxas de nata «made in» Narón. «He querido que en la tienda haya un poco de todo, como en los ultramarinos de siempre, pero también algunos productos que son especiales por su gran calidad», advierte Ana, que próximamente espera ampliar la oferta con carnes y «lo que vaya demandando la clientela».

Pero, ¿qué es lo que lleva a alguien a liarse la manta a la cabeza e iniciar una aventura empresarial cumplidos ya los cincuenta? Pues, simple y llanamente, las ganas de prosperar. «Yo soy administrativa y durante algún tiempo trabajé como secretaria de dirección en Madrid, pero después de aquello hice de todo», explica la responsable de A Tendiña. Echando la vista atrás, Ana rememora los años en los que conoció de cerca el mundo de la hostelería -trabajando como camarera en locales como A Fusa, el Cafeto o El Rancho Argentino-, tras los cuales llegó una etapa en la que disfrutó de un empleo como funcionaria interina de la Xunta. «Mi puesto estaba en la Consellería de Medio Ambiente, pero entonces llegó la crisis y muchos interinos nos quedamos en la calle. Aquello me pilló muy mal: me cesaron y me divorcié, todo a la vez, y con un niño pequeño en casa, no me quedó más remedio que espabilarme», explica Ana, quien entonces no dudó en ponerse a limpiar casas para poder salir adelante.

Así se ganó el pan durante los últimos siete años -«muy contenta, eso sí, porque siempre me trataron muy bien»-, pero tanto esfuerzo empezó a pasar factura a su espalda... Y fue entonces cuando Ana decidió lanzarse a la piscina y abrir A Tendiña. «El local es de mi tía Sofía y cuando me dijo que había quedado libre, no me lo pensé dos veces. Hay que arriesgarse y, si esto no funciona, pues cierro y pienso en otra cosa», dice sin miedo al futuro.

Por lo de pronto, a los vecinos de A Cabana les ha hecho mucha ilusión ver que en la antigua ferretería que antaño comandaba Sofía palpita de nuevo la vida... Y comprobar que hoy, en ese mismo local, funciona un ultramarinos de esos de toda la vida, en los que puedes encontrar de todo y la tendera te recibe siempre con una sonrisa.

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