Las Picos brindan 62 años después

Aunque vino en otras épocas del año, Herminia Picos Rodríguez llevaba desde que se fue a Venezuela sin pasar unas Navidades con sus hermanas. La situación del país sudamericano la ha hecho regresar


FERROL / LA VOZ

Cuando los gaiteiros que se acercaban a la parroquia cedeiresa de Montoxo terminaban de interpretar los villancicos, decían lo siguiente: «Dennos el aguinaldo si nos lo van a dar, que de hoy en un año nos lo volverán a dar». Ese recuerdo permanece intacto en la memoria de Herminia Picos Rodríguez (83 años), aunque hace ya mucho, 62 años, que no pasaba unas Navidades cerca del lugar donde nació. Y es que, cuando era una veinteañera, se aventuró a emigrar a Venezuela, donde acabaron transcurriendo todas esas décadas de su vida, hasta que la difícil situación del país la ha obligado a hacer las maletas de vuelta a España.

Nunca dejó de visitar a su familia, pero casi siempre lo hacía en verano, de manera que esta vez ha sido diferente por las fechas entrañables en las que nos encontramos. «Para mí es muy especial estar aquí de vuelta, me siento divinamente bien y muy emocionada», expresa Herminia, que ha vuelto a brindar con champán con Lola (95 años), Carmiña (85 años) y Pilar (78 años), que con dos hermanas ya fallecidas eran conocidas como las Picos, hijas de Manuel y Santa, que también tuvieron otro hijo, así como un chico y una chica fallecidos jóvenes -nueve en total-.

«Pasábamos el día y la noche cantando. No teníamos mucho, pero en casa siempre había mucha tranquilidad y alegría. No tengo ninguna queja ni de mi niñez ni de mi juventud», añade Herminia. No importaba que en la aldea no hubiera árboles de Navidad, alumbrado y que Papá Noel «todavía no hubiera nacido», porque se tenían los unos a los otros.

«Recuerdo una Navidad en la que todo estaba cubierto de nieve y salíamos de casa para hacer muñecos. Y otra cosa de la que me acuerdo es que hacíamos cordero asado en el horno donde se cocía el pan. Nuestra casa era la de las reuniones de la juventud, siempre con alegría», cuenta Carmiña. Por su parte, Pilar comenta que «ahora hay de todo y antes no había tanto», pero lo celebraban con vino y lo pasaban «realmente bien».

Pero en un momento dado, hasta los oídos de Herminia y Elena, otra de las hermanas, llegó la posibilidad de marchar a Venezuela, y así lo hicieron, en barco desde A Coruña. Herminia acabaría casándose al año de llegar y haciendo una vida allí. «Hoy me lo hubiera pensado más, pero juventud, divino tesoro», dice. En el país sudamericano la Navidad era «alegre y muy alumbrada» y no hubo un año sin comida familiar, en su casa o en la de su hijo Rafael, que también ha elegido España, con su mujer, como alternativa. De igual manera lo han hecho un nieto con su mujer y un bisnieto, y otro nieto más joven, mientras el tercero ha optado por Santo Domingo. «La Navidad fue a menos con los gobiernos de Chávez y Maduro. Las ganas de celebrarla siguen ahí, pero por su culpa ahora mi familia está esparcida por el mundo», reflexiona.

«Las Picos siempre fuimos muy unidas y en Venezuela ocurría lo mismo. Por eso estoy igualmente felicísima de estar aquí este año. ¡Me siento tan a gusto...! ¡No parece que hayan pasado tantos años!», valora. «Y nosotras estamos muy contentas de verla, siempre con el recuerdo presente de los que faltan», concluye Pilar, al tiempo que brindan en Ferrol, donde viven también Carmiña y Lola, por un 2019 de felicidad.

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