Ferrol

«Bienvenido, Centinela, ya en casa. José Souto, te queremos». Esta pancarta, sujetada por dos amigos, fue lo primero que vio el ferrolano al llegareste viernes al Arsenal a bordo del patrullero. No obstante, lo más importante para él estaba justo al lado, su familia. Su mujer, Ángela Feal, su pequeño Adrián y alguien que llegará en cuestión de días: Lucía, que esperó paciente en el vientre de su madre. Sale de cuentas el próximo día 29 y, por lo tanto, todas las alegrías se presentan en Navidad.

«¡Llegué a tiempo! Jugábamos con dos semanas de margen y se portó muy bien, esperó por mi. Esta última semana fue la que más lenta me pasó», expresaba José, con su hijo, «un campeón», en brazos, y un turrón de chocolate en la mano. «Fueron cuatro meses largos, pero le dejaron hablar bastante por teléfono y le fui diciendo que todo estaba bien», contaba Ángela.

En el muelle, en medio de la lluvia y el frío matinal, también sobresalía la historia de Conchita Blanco, con su hija del mismo nombre, que solo tenía dos semanas cuando tuvo que decirle hasta pronto a su padre, el jerezano Gonzalo Gestoso. «Cuando llegaba a puerto, me daba algo de miedo, pero estuve muy tranquila, todos son muy sensatos con su trabajo», expresaba la madre primeriza, que pudo ver bastante a su pareja por videollamada.

«Sí, sí, es ese», decía una familia, mientras en una pancarta se podía leer «Bienvenido, papá. Te hemos echado de menos», un mensaje semejante al que había escrito en una bandera de España sujetada por tres pequeños. Mientras, Paula Andrea Quintero Mazo, una de las cuatro mujeres de la dotación de 54 miembros, tuvo en el muelle a su familia colombiana asentada en Ferrol. «Feliz de estar contigo, mi sargento», ponía la cartulina de su hermano, al tiempo que su hija de un año y medio estaba «muy feliz» porque «mamá iba a llegar».

En el recibimiento también quiso estar Carmen Hernández, que salió con el buque en agosto, pero tuvo que desembarcar en octubre por un motivo muy especial: su boda. Con la misma sonrisa que los familiares, recibió a sus compañeros, todos ilusionados por pisar tierra conocida.

Diez países y más de 300 militares adiestrados en una misión «intensa y larga»

Las cifras hablan por si solas: 121 días de misión, de los que 82 fueron de mar, más de 13.000 millas navegadas, diez países y más de 300 militares africanos adiestrados a bordo. El patrullero Centinela pasó por los puertos de Mauritania, Cabo Verde, Costa de Marfil, Ghana, Angola, Gabón, Camerún, Nigeria, Senegal y Marruecos, en una misión «demandante, intensa y larga», según el almirante de la Fuerza de Acción Marítima, Manuel de la Puente Mora-Figueroa, que recibió el buque. «Los objetivos fueron mejorar la seguridad marítima en la zona, aportar adiestramiento a las marinas de esos países, reforzar la cooperación bilateral y contribuir a la diplomacia de Defensa», explicó, y aseguró que «dejaron muy alto el pabellón de España y de la Armada en esas aguas».

Por su parte, el comandante del Centinela, Fernando García Tobío -que dejará de serlo el día 19- detalló que el nivel general de las marinas del golfo de Guinea es «más alto» del que esperaban. Además, recordó el rescate que realizaron de un pesquero ganés que se quedó a la deriva durante 24 horas. «Probablemente, si no hubiera pasado un barco como el nuestro, el problema habría sido mucho mayor, porque esos países no tienen las mismas capacidades», subrayó. Asimismo, valoró que tanto el buque, a pesar de alguna pequeña avería, como la dotación, «se portaron de maravilla». «Es la mejor dotación de la Armada», concluyó.

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La hija que esperó por su padre