Cuando el Gordo juega al despiste

El primer premio del sorteo de Navidad ha tocado solo ocho veces en la provincia; en 2017 se vendió lotería por 72,3 millones de euros y este año se han consignado 81,7

Belinda Bañobre
Belinda Bañobre

ferrol / la voz

Algo de razón tienen quienes se empeñan en que el Gordo siempre cae en Madrid (en la provincia ha tocado en 92 ocasiones) o en Barcelona (57). El premio soñado por la mayoría se ha mostrado bastante esquivo con A Coruña. Desde 1812, cuando se estrenó el sorteo extraordinario de lotería de Navidad, el primer premio se ha vendido aquí tan solo ocho años, seis en la ciudad herculina -en los años 1903, 1958, 1974, 2003, 2012 y 2014-; tres en Carballo -2007, 2012 y 2014-; y solo uno en Santiago (2007), Ferrol (1915) y Rianxo (2003). La fortuna ha sonreído algo más en el resto de premios que se reparten el 22 de diciembre, con una dotación económica inferior y de menor impacto social. «Como el Gordo no hay, tiene más repercusión si vendes cuatro décimos [1.600.000 euros de premio] que si das cinco billetes del tercero [2.500.000]», comenta un lotero.

La suerte no va pareja al gasto. En el 2017, las administraciones de la provincia vendieron 361.551,5 billetes para el sorteo de Navidad, lo que equivale a 72.310.300 euros, un 4,78 % más que el año anterior y el 45,3 % del volumen de toda Galicia. El desembolso medio por habitante se situó en 64,55 euros, seis puntos por encima de la media de la comunidad y solo superado por los lucenses, con 67,01. Para este año, Loterías ha consignado 81.741.280 euros (408.706,4 billetes) para la provincia coruñesa, lo que equivale a 72,96 euros por habitante, de nuevo por encima del promedio de Galicia (66,26) y sobrepasado únicamente por Lugo (76,02).

Cuando faltan apenas dos semanas para que vuelvan a sonar los bombos (el de los números y el de los premios), las ventas se aceleran en las 115 administraciones de lotería de la provincia -en la ciudad de A Coruña hay 39; en Santiago, 13; y en  Ferrol 7- y los 188 puntos de venta mixtos (situados en estancos, bares, quioscos y otros negocios), distribuidos por todo el territorio.

«Si no cae en uno, cae en otro»

Casi todo el mundo busca su número fetiche, coincida o no con la estadística, que coloca al 5 como la terminación más agraciada (32 veces en el Gordo), seguida del 4 y el 6 (27 cada una); y relega a los últimos puestos al 1 (8), el 2 (13) y el 9 (16). La fortuna no sabe de pares o impares y, como suele bromear Fernando Pazos Quintela, lotero compostelano, «si no cae en uno, cae en otro».

«Me pongo guapa todos los años porque siempre creo que voy a repartir el Gordo»

María Fernanda Quintela
María Fernanda Quintela

María Fernanda Quintela, administración número 10 de Santiago

María Fernanda Quintela (Santiago, 73 años) se crio entre boletos, en el hoy desaparecido bar Pichita. «Allí empezó mi padre, en los años 50, con la quiniela de fútbol. Ahora estamos en la calle Santa Clara y desde hace 25 años somos administración [la número 10 de la ciudad compostelana]; yo me hice cargo en 1988 y ahora estás mis hijos [Fernando Pazos, titular; y Jesús, socio]».

Desde hace un cuarto de siglo, en el despacho Pichita fían la suerte a los números 55674, 02685 y 42187, los abonados más veteranos. «Me pongo guapa todos los años porque siempre creo que voy a repartir el Gordo -confiesa María Fernanda-; hasta ahora no lo hemos dado, sí quintos... En el 2013 fue una revolución, dimos un quinto que se había vendido íntegro en el colegio San Pelayo-Emma, le tocó a muchísima gente, fue muy sonado».

La representante de la segunda generación de esta saga de loteros santiagueses recuerda «la cantidad de curiosos» que se acercaron por la administración para tratar de averiguar quiénes habían sido los afortunados. «Y de paso hacían una bonoloto o compraban un décimo para Reyes, el efecto se nota al principio, con mayor afluencia, pero la memoria es muy flojita». Si algo no olvidará es la primera vez que repartió un premio en Navidad: «Creo que había diez cámaras de televisión y yo pensando ‘como la Presley’, me lo pasé pipa, fue de los días más felices».

A su hijo Fernando (46 años) le ha contagiado el entusiasmo por el oficio, que aprendió de niño sellando a mano los boletos. La revolución tecnológica ha facilitado el trabajo: «Antes todo era manual y la noche del 21 de diciembre estábamos hasta la una de la madrugada con las devoluciones, haciendo copias y mandando faxes; ahora todo se hace por el terminal electrónico». El año pasado agotó el 78155 (por la Constitución y Cataluña) y este año espera «al tirón de última hora». 

«Dar un premio es mucha alegría, el subidón de ver la cara de la gente, más si son vecinos»

Manuel Mahía
Manuel Mahía

Manuel Mahía, administración número 21 de A Coruña

En el 2014, la administración de lotería número 21 de A Coruña, ubicada en la avenida de Hércules, vendió el primer premio del sorteo del Gordo. Manuel Mahía, al frente del despacho desde 2011, repartió diez boletos en ventanilla. «Dar un premio es mucha alegría, el subidón de ver la cara de la gente, más si son vecinos, como la mayoría de la gente a la que le tocó entonces», resalta. ¿Un deseo? «Que este año salga el 15002 [agotado desde hace unos veinte días], es el código postal del barrio [Monte Alto], lo conseguí, lo tengo abonado y lo vendo casi íntegro aquí, conozco a cada persona que se lo llevó».

Desde que se hizo cargo del despacho de lotería, Mahía observa un incremento progresivo de las ventas: «Cada año vamos a más. La administración estaba algo abandonado y hemos trabajado mucho para recuperar clientes y ganar otros nuevos. El Gordo también habrá ayudado, al año siguiente se nota mucho, pero después se estabiliza». La mayoría de los clientes adquieren un décimo -«la gente mayor juega con el miedo a no recuperar los 20 euros y por eso muchos prefieren el sorteo de Reyes, porque hay tres terminaciones para el reintegro»-, pero «hay muchos» que gastan 100 y hasta 200 euros en el mismo número. «Casi siempre es para intercambiar con alguien de la familia o con amigos, o para repartir entre compañeros de trabajo». Por delante quedan dos semanas intensas, pendiente de ventas y devoluciones. Y agarrado a la «ilusión» de acertar de nuevo con el Gordo, que no ha vuelto a sonreírle a la provincia desde el 2014.

«De no ser en As Pontes, lo mejor que nos pudo pasar es que tocara en Vilalba»

Belinda Bañobre
Belinda Bañobre

Belinda Bañobre, receptor mixto La Bombonería

Ya que no cayó en As Pontes, Belinda Bañobre Carballo (Inglaterra, 47 años), se alegra de que el Gordo del 2017 tocara en Vilalba, a unos 20 minutos en coche. «Es lo mejor que nos pudo pasar, repercutió muchísimo en las ventas del sorteo de Reyes, porque aquí le tocó a mucha gente, un vecino había comprado para toda su familia... Hubo colas, la gente decía 'vamos a jugar porque es verdad que toca'», relata la titular del punto (o receptor) mixto de loterías La Bombonería, en la plaza do Hospital.

Su padre, Francisco Bañobre, Paco, fundó el negocio en 1984, con un puesto de quinielas en el LAR de Endesa. Después montaron el bar Paco y en 1996 trasladaron la lotería a su actual ubicación, en La Bombonería. Belinda se incorporó en abril de 2015, unos meses antes de que el azar dejara un buen pellizco del sorteo del 22 de diciembre. Del terminal salieron diez décimos del 92845, nada menos que el segundo premio. «Fue una alegría para todos y un subidón», evoca. Corrió el champán y los vecinos se congregaron en el local para indagar sobre los galardonados.

Este año aún se percibe el impacto del Gordo vilalbés. «Al principio, para mal, porque todo el mundo estaba haciendo cola en la administración de Vilalba [El Alcázar], pero ahora se está vendiendo muy bien», relata. La casualidad la ha acercado a «números raros», como el 10007, que emitió la máquina buscando un 7. «A la clienta no le gustó, lo pegué en la ventanilla y es el que más me piden; saqué otro, el 00017, y se lo llevó. Otro quería un 5 y apareció el 77775, y ahora bromeo con la gente 'llévate este, atrévete'». Cuenta que muchos aceptan el reto: «Pois vouno levar».

Muchos ponteses han adquirido el 47366, «el número de la casa» de La Bombonería, que expendieron en participaciones de cinco euros y en décimos -«ojalá toque, estaría muy repartido»-. Está agotado. Para Reyes, otro 6, el 89366.

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