El atleta veloz que asa castañas a fuego lento

Marcelo Vásquez, noveno en el último Mundial máster, ayuda a su suegro en el puesto de la calle Real de Ferrol


FERROL / LA VOZ

Con ropa de trabajo y al lado del carrito de castañas de la calle Real, no es fácil reconocer la otra vida de Marcelo Vásquez Cortés (Quilpué, Valparaíso, 47 años). Y es que hace dos meses, el hispanochileno acabó noveno en la prueba de 3.000 obstáculos del Mundial máster de atletismo. Ahora, cuando las temperaturas no paran de bajar en Ferrol, se encarga de ayudar a Piño Sanmartín, el castañero más conocido de Ferrol, que también es su suegro. «Ahora mismo estoy sin trabajo, porque está la cosa mal, así que aprovecho para echarle una mano. Y estoy muy agradecido, vamos tirando hacia delante como familia que somos», expresa Marcelo, que también fue doble campeón gallego máster.

Desde que llegó a la ciudad, hace seis años, colabora en lo que puede, también en el puesto de helados y el del mercadillo que son propiedad de los padres de su pareja. «Como cuando llegué la situación ya era mala, no me quedó otra que apoyarme en ellos», expresa. Eso sí, sin dejar de lado su gran pasión por atletismo. Por las mañanas, Marcelo se enfunda el pantalón corto y realiza entre una y dos horas de entrenamiento. A veces, incluso llega a hacer sesiones de 14 kilómetros de carrera a pie, combinadas con circuitos de fuerza. Mientras, a partir de las tres y media de la tarde se le puede ver ya por la calle Real.

«Sigo aprendiendo trucos de la mejor manera de asar castañas, todos los días veo cómo se hace. Sé que no es fácil y hay que saber hacerlas bien, pero si un día me toca a mí solo, creo que sabría», considera el ayudante. Al llegar, colocan el carrito y su techo, encienden el fuego y preparan las castañas, con un pequeño corte, algo que hacen Piño y su mujer. «Yo echo el carbón y nos vamos turnando», cuenta. «Saben bien ricas», deja claro, después de los 15 minutos -dos arriba, dos abajo-, que tardan en prepararse.

Marcelo descubrió esta tradición al llegar a Ferrol, pues en el centro de Chile, donde creció, apenas se conocen. Sí algo más en el sur, donde está la zona más rural. Otra curiosidad que le llamó la atención fue la de colocar las castañas en cucuruchos hechos de periódicos o revistas. «Muchos, cuando las acaban, se ponen a leer la propaganda», asegura. En cuanto a las ventas, tienen mucho que ver con el buen tiempo, porque eso anima a pasear por las calles de A Magdalena.

Y a la vez que se le ve concentrado en asar las castañas a fuego lento, piensa también en ir veloz en el próximo Campeonato de España máster, que se celebra en marzo en Ourense. Ese es su próximo reto, donde correrá los 3.000 metros, una distancia que espera repetir en el Mundial de Polonia el mismo mes. «Aunque dependerá del dinero que tenga, yo lo voy a preparar igual, no quiero perder la forma», explica. Por eso, a veces se le puede ver estirando en el carrito. «El atleta está acostumbrado a no parar nunca», dice. «Asar castañas me relaja de la misma forma que correr. Creo que tanto una cosa como la otra me hacen desconectar», concluye Marcelo sobre lo poco -o nada- que tienen que ver uno y otro oficio.

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