Cristóbal demuestra que es posible

Un ferrolano de 27 años con una discapacidad intelectual vive emancipado desde hace tres años y es fijo en un hotel

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Cristóbal demuestra que es posible Un ferrolano de 27 años con una discapacidad intelectual vive emancipado desde hace tres años y es fijo en un hotel.

FERROL / LA VOZ

Coge la llave, la introduce en la cerradura, la gira y entra en su casa. Un gesto cotidiano, repetido infinitas veces cada día en el mundo, pero que, en el caso de Cristóbal Pérez Gutiérrez (Ferrol, 27 años), toma un significado diferente. ¿Por qué? Por ser un pionero, al haberse convertido en uno de los pocos chicos con una discapacidad intelectual emancipados, con una vida independiente. «Me gusta vivir solo para salir y entrar en casa cuando quiero. Como, salgo a pasear y estoy con mis amigos sin tener que avisar a nadie», expresa Cristóbal, con unas palabras que podrían ser de cualquiera de su edad.

La Voz acude a su encuentro en el Gran Hotel de Ferrol, el más grande de la ciudad. Aparece con platos en la mano por una de las escaleras. Allí empezó a trabajar como ayudante de camarero en el 2014 y, después de un tiempo, consiguió hacerse con un contrato fijo. «Echo una mano en el montaje de las mesas y las comidas. Y gracias a eso puedo vivir solo», apunta. El empleo lo consiguió a través de la asociación Teima, adonde acudió con muchas ganas de tener un trabajo. «Encajaba en el perfil del hotel y todo fue muy sencillo, apenas necesitó apoyo. Ahora es uno más y presta un gran servicio», valora Liliana Campos, técnico de Inserción de Teima. «A raíz de ser fijo, empezó a demandar que quería irse de casa de sus padres para tener una vida independiente, como todo el mundo», añade.

En el hotel donde trabaja, se ocupa del montaje de las mesas
En el hotel donde trabaja, se ocupa del montaje de las mesas

A sus progenitores, al principio «les costó acostumbrarse», dice Cristóbal, pero «ahora lo llevan muy bien». «El cambio se notó mucho. En todo: el lenguaje, está más espabilado y es más responsable. Está fuera de casa y lo veo bien, lo veo feliz. ¿Se le echa de menos? Sí, pero tiene que volar, como todos», valora su madre, Mercedes. Mientras, su padre, Roberto, cree que «tiene derecho a hacer su vida y es una experiencia para él».

Al mudarse, en marzo del 2015, contó con apoyo para aprender a cocinar, elaborar los menús, hacer la compra, poner la lavadora o planchar, aunque «él ya se manejaba bastante bien», valora Liliana. Ahora, después de más de tres años emancipado, solo le ayudan en cuestiones de contabilidad, para las que acude cada lunes a la asociación, que curiosamente le queda en el bajo de su edificio. «Voy a acabar agujereando el suelo para bajar en pijama, son como mi segunda familia», bromea Cristóbal, que deja claro que va «solito» a la compra y la chica del supermercado es «muy amable con él». Lo que más le cuesta es la lavadora y la cocina, aunque no deja de aprender en cursos entre fogones. Nada que ver con un piso tutelado.

Cristóbal reconoce que la cocina y la lavadora son sus puntos débiles
Cristóbal reconoce que la cocina y la lavadora son sus puntos débiles

En agosto, todo eso lo pudo comprobar su novia, Carmen, a la que conoció hace unos años y vivió con él ese mes. «Me gusta mucho estar con ella, me siento muy tranquilo», comenta el ferrolano, que dedica el tiempo libre a la bicicleta y a pasear, después de una etapa en la que jugaba al fútbol. Además, participa en los grupos de planes personales de Teima, donde habla de la vida o del amor con sus compañeros.  

Seguir sus pasos

«Nos gustaría que siguieran los pasos de Cristóbal todos aquellos que quieren una vida independiente. No tiene que ser algo obligado. Es un ejemplo de que si quieres, puedes, pero una opción que es cierto que antes no se barajaba», considera David Vivar, miembro del área de Vida Adulta de la asociación, que agrega que «tener discapacidad intelectual no limita a hacer la vida que deseas; se pueden lograr muchas más cosas de las que se creen».

¿Y habrá pronto más casos en Ferrol? Seguramente, sí. «Como ven que Cristóbal lo hace, hay más chicos que lo demandan, que dicen “yo también quiero eso”. Y nosotros deseamos que haya muchos que tengan vida independiente y plena. Él, está claro, ha servido como ejemplo para los demás. Abre la puerta, sobre todo, a los que pensaban que no era posible», concluye Liliana, que no conoce más casos iguales.

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