Helge Ingstad: tres años y cinco meses de construcción en Ferrol

La fragata que se encuentra hundida en Noruega fue la cuarta y la que más tardó en construirse de la serie encargada

ENTREGA DE LA FRAGATA EL 29 DE SEPTIEMBRE DEL 2009
ENTREGA DE LA FRAGATA EL 29 DE SEPTIEMBRE DEL 2009

Ferrol

Con el protocolo de las ocasiones más importantes, el 23 de noviembre del 2007, se celebró el acto de botadura de la fragata Helge Ingstad (F-313). Casi dos años después, el 29 de septiembre del 2009, se produjo el acto de entrega a la Marina de Noruega. Dos fechas clave, dos de los llamados días grandes para el astillero de Ferrol, que ahora se recuerdan con una cierta nostalgia. ¿El motivo? El hundimiento de la fragata, en aguas cercanas a su base, tras una colisión con un petrolero la semana pasada.

Los tres años y cinco meses de la Helge Ingstad fueron el período de construcción más largo para una de las cinco fragatas de la clase F-310 solicitadas. Cuenta con las mismas características principales que las demás: 123,25 metros de eslora, 16,8 de manga, 9,5 de puntal, 5.130 toneladas de desplazamiento a plena carga y una dotación aproximada de 146 personas -el día de la accidente iban a bordo 137 personas-.

Estas unidades, de una serie también denominada Fritjof Nansen -como la primera unidad-, están basadas en las F-100 españolas, aunque son de menor tamaño. A mediados de 1999 fue cuando se dio por hecho el contrato, que se hizo oficial en diciembre y se firmó finalmente en Oslo el 23 de julio del 2000. Un buen comienzo de año para aquella Bazán, que superó en un concurso internacional y con una dura competencia a las principales factorías occidentales: Estados Unidos, Francia, Italia o Alemania. Noruega acabó invirtiendo unos 1.100 millones de euros en el mayor contrato de exportación de la industria naval militar española hasta entonces, que sería superado por un doble encargo de la Armada de Australia.

Similar a las F-100

Para lograr el contrato, el astillero ferrolano tuvo que superar el hito de introducir el sistema de combate Aegis en un buque de tamaño inferior para el que fue diseñado. Se construyeron así para llevar a cabo, fundamentalmente, misiones de guerra antisubmarina, aunque también para operaciones antiaéreas -potenciadas con el Aegis- y antisuperficie, ofreciendo también la posibilidad de llevar a cabo misiones en tiempo de paz. Precisamente, en los días anteriores al accidente, la Helge Ingstad estuvo participando en el ejercicio Trident Juncture de la OTAN. Allí, curiosamente, volvió a reencontrarse en cierta manera con Ferrol, al recibir un suministro de combustible del buque Cantabria.

El proceso en esta fragata fue el de construirla en la ría, pero enviando a Noruega los bloques de la parte central del buque (cámaras de máquinas y sistema de combate), que se montaron allí en grada y se entregaron, para armarlos posteriormente bajo la asistencia técnica de Ferrol.

Además, a pesar de que el programa culminó en el 2011, las relaciones entre Navantia y la Armada está lejos de haberse diluido. La empresa cuenta desde hace varios años con un acuerdo de mantenimiento y apoyo a los buques de esta clase, con una oficina permanente para atender los trabajos requeridos. El vínculo entre la urbe naval y Noruega lleva casi dos décadas de idilio, ahora recordado por una mala noticia que todos aguardan resolver.

Deseo de «fortuna en los siete mares» el día de la botadura

Cuando un 70 % de su estructura estaba terminada, se celebró la botadura en el astillero de Ferrol. Se le puso, como a las demás, el nombre de un explorador noruego, en este caso uno de los más ilustres del siglo XX: Helge Ingstad. Y, de hecho, una descendiente del protagonista de este buque, Kristin Ingstad Sandberg, fue la encargada de amadrinar el barco. Pronunció un breve discurso en su lengua materna para desear que el barco tuviera «fortuna y felicidad en los siete mares». Después, mostró su «satisfacción y el orgullo de la familia» porque «un gran buque noruego» llevara el nombre de su bisabuelo.

Aunque la ceremonia, prevista para la primavera del 2007, se celebró con medio año de retraso, eso no emborronó una jornada muy especial. La botella de cava se estampó contra el casco y el buque se deslizó por la grada hasta alcanzar el agua. El almirante jefe de la Marina noruega, Jan Erik Finseth, aseguró que incorporaba pequeñas mejoras con respecto a las tres anteriores, dos de las cuales ya habían sido entregadas.

«El programa ha sido un éxito para nosotros», subrayó Finseth, que mostró su agradecimiento por cómo los había tratado «la gente de Ferrol». Mientras, el presidente de Navantia en ese momento, Juan Pedro Gómez Jaén, aseguró que la fragata recién botada constituía «un referente tecnológico en los buques de superficie en todo el mundo».

Mientras, el día de la entrega, en el 2009, el general Trond Karlsen destacó «haber recibido una fragata de altísima calidad», fruto del trabajo del astillero ferrolano, del que aseguró sentirse «favorablemente impresionado».

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