La marea verde


En la mañana del domingo Ferrol eran un espectáculo en verde, que conmovía a cualquiera que observase a miles de personas expresando su solidaridad con una causa que, como el cáncer, afecta a un amplio sector de la población. Y cuyas asociaciones huyen siempre de la sobreactuación y de la búsqueda de cualquier interés al margen de los objetivos que les son propios. Y así nace su inmensa credibilidad.

Por eso, cada persona que, con su camiseta verde como bandera, pone su fuerza, su esperanza o su dolor (que también es un valor) al servicio de la lucha contra esta casi epidemia de la que pocas familias se salvan, es un referente de cómo, con la fuerza de la solidaridad y del compromiso, se puede mover el universo que nos rodea, que necesita algo más que recursos materiales, que también, para abordar las tareas necesarias para diagnosticar y luchar contra las causas, en este caso del cáncer, que aún es (lo que no significa desconocer lo mucho que se ha avanzado) una amenaza para la vida de millones de personas.

Como ferrolana me siento orgullosa de la marea verde del domingo. Y sueño con una sociedad capaz de pedir y dar algo más que dinero para mejorar la Sanidad. Sus profesionales precisan, sin duda, recursos materiales. Pero también solidaridad y respeto, un inmenso respeto. Lo que hacen no tiene precio. Y los enfermos necesitamos su empatía y merecemos su respetuosa consideración, esa debe ser (no siempre lo es) su camiseta verde… Nada duele más, aunque no esté generalizado, que percibir indiferencia o soberbia en el trato de un profesional médico.

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