Proyectos... ¿Qué proyectos?


Ferrol

Hace mucho tiempo, una eternidad, presidía el Gobierno de España Mariano Rajoy, aquel pontevedrés nacido en Compostela. Ustedes se acordarán. Era un político curtido en la administración local, primero, y la autonómica, después, hasta que «tropezó» con Manuel Fraga quién lo desterró a Madrid. Su paso por la política nacional tanto en cargos orgánicos del partido conservador como al frente de distintas carteras ministeriales es de sobra conocido y, por algunos, aplaudido. Como aplaudidas -con gran entusiasmo y alegría- fueron las medidas guiadas por los recortes y la austeridad que tomó nada más hacerse con el control del ejecutivo. Una política austericida de manual que en lenguaje rajoniano explicaba así: «Hay que hacer la economía como dios manda», «No se puede gastar lo que no se tiene», «A mí me gustan los bancos», y otras similares. Tanto le gustaban, los bancos digo, que pidió a Europa un carro de miles de millones de euros para su rescate, en nombre del Reino de España, que está por ver de qué forma y en cuántos años se devuelven a las arcas públicas. Y todo esto en beneficio de España y los españoles, naturalmente, frase machaconamente repetida por Rajoy hasta convertirla en su eslogan.

Servidor de ustedes estaba convencido de que este enfoque basado en los grandes ajustes macroeconómicos había sido ya superado. Varios países europeos y hasta el Fondo Monetario Internacional habían reconocido que no se podía ralentizar ni devaluar tanto la economía. Era necesario hacer crecer el consumo y los salarios. Se abría la posibilidad de reactivar las políticas de inversiones, el refuerzo del estado del bienestar, la mejora de los servicios a los ciudadanos. Es paradigmático el caso de Portugal, aunque su peso no sea muy grande en el concierto internacional. Sin embargo, aquí en casa, por los pasillos del palacio municipal y en el salón de los «plenos de corrala» (calificados así por Jorge Suárez), se vuelven a escuchar frases similares a las de Rajoy. El alcalde Suárez quiere pasar a la historia por ser el que más redujo la deuda municipal. En su mandato devolverá a los bancos 11 millones de euros, detrayendo los recursos de las inexistentes inversiones. Lo justifica así: «Amortizar deuda es positivo». «Quién mucho abarca poco aprieta». «Isto vai en beneficio da veciñanza» o, la más graciosa de todas: «Es que no hay tiempo ni proyectos en los que invertir». Ferrol, ciudad sin tiempo ni proyecto. Ferrol, sin inversiones ni obras que lo mejoren. Ferrol, que ve como un gobierno rebelde se comporta igual que su antecesor gobierno conservador y aplica sus mismas recetas económicas. Ferrol, que conoce su pasado, sufre su presente y busca su futuro.

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