Las lonjas de la zona han movido 217 millones de euros en lo que va de siglo

Pesca y marisqueo arrastran años de caída de actividad e ingresos y ven difícil el futuro


FERROL / LA VOZ

El peso socioeconómico de los sectores pesquero y marisquero en la comarca se refleja en las cifras. Desde 2001, el primer año con registros en la plataforma tecnológica Pesca de Galicia, las ocho lonjas que operan en Ferrolterra, Ortegal y Eume han comercializado 50,4 millones de kilos de pescado y marisco, por los que han facturado 217,6 millones de euros. El sector genera cerca de mil empleos directos, según los datos proporcionados por las cofradías sobre armadores, marineros, mariscadores (a pie y a flote), personal de los pósitos y las rulas, y vigilantes. A mayores de las decenas de puestos de trabajo vinculados a esta actividad, desde compradores a transportistas, rederas o empresas de suministros para barcos y pesca.

Pero tanto el marisqueo como la pesca arrastran varios años de caída de la actividad, que se han traducido en un descenso notable de los ingresos. La rula de Ferrol facturó algo más de tres millones de euros en 2001, frente a los 1,7 de 2017 (en lo que va de ejercicio apenas supera los 1,5); la de Barallobre ha ido fluctuando hasta conseguir 2,17 millones en 2015 y caer a 1,3 dos años después; la de Pontedeume alcanzó un máximo en 2012, con 469.395, para quedarse en 297.274 un lustro más tarde; y la de Espasante, con 192.116 de partida, excedió los 200.000 en 2011 y se precipitó hasta los 90.760 en 2017, que ya ha superado en lo que va de año.

Cedeira, el 53,5 % del total

La lonja de Cedeira, cuya facturación global desde 2001 hasta el pasado día 8 representa el 53,5 % del total de las ocho de la zona, rozó los nueve millones en 2014, a raíz de la entrada en funcionamiento de las nuevas instalaciones y del compromiso de la flota de vender en el puerto base; se situó en poco más de 6,7 en 2017 y en el ejercicio actual, hasta el momento, ronda los 5,7.

Hay excepciones a esta tendencia a la baja. Mugardos apenas sobrepasó los 69.000 euros en 2001 y en 2017 sumó 436.865; O Barqueiro creció desde los 63.505 a 111.647; y Cariño ha experimentado un repunte este año, tras desplomarse de 3,4 millones en 2001 a 646.028 en 2016, recuperar hasta 1,13 en 2017 y rebasar ahora los 2,16. En medio, entró y salió de un concurso de acreedores.

Cuotas y falta de personal

El sector pesquero se queja del reparto de cuotas, que obliga a la flota a amarrar o cambiar de arte; o de los impedimentos para encontrar personal cualificado. Antonio Gómez, patrón mayor del pósito de O Barqueiro, tilda de «desastre» la distribución de cuotas. «Cerran a xarda e tes que tirar a que che vén nos aparellos, o mesmo que coa raia. E quen consume a cota de xarda ou de raia? A Administración sabe quen se beneficia, e non somos catro barcos cativos», critica.

Gómez, armador de bajura, advierte de los problemas para conseguir tripulantes -«antes había que pelexarse para ir ao mar, e agora todo son trabas»- y del daño causado «polo furtivismo organizado», y ve un porvenir «fastidiado, porque a xente nova, con esta expectativa, non se anima». Contra el furtivismo, un mal extendido, levantan la voz los mariscadores, que soportan la meteorología, cada vez más extrema; la contaminación o la falta de dragado de las rías, que frena la regeneración de los bancos.

Crisis de capturas

«La situación es difícil y te preocupa cómo puede evolucionar. Desde 2013 llevamos años haciendo inversiones muy fuertes en siembra y trabajos de regeneración, no aumentamos el cupo ni el número de mariscadores para que los que están trabajando ahora puedan ganarse la vida, pero no notamos una recuperación; viene un verano seco y te liquida el marisco, o un invierno muy lluvioso, entra mucha agua dulce del río y te lo mata», explica Isidro Fernández, secretario del pósito de Pontedeume. «Hay muchos gastos y los ingresos son cada vez menores», concluye.

«Estamos en una crisis de capturas muy grande», avisa David Pita, secretario de la cofradía de Barallobre. «Ya llevamos unos dos años con problemas muy gordos -abunda-, con reducción de la almeja babosa, que es de lo que vivimos en toda la ría de Ferrol; por eso y por el exceso de mariscadores se ha reducido casi un 60 % la facturación [...]. La gente abandona el sector porque no da para vivir, los que quedan son unos valientes. Cuando llegué, hace cinco años, teníamos el problema de las bateas de depuración, pero de aquí se sacaban 750 kilos de babosa al día y ahora no llega ni a 100. A ver qué viabilidad tiene esto». El técnico reclama apoyo de la Xunta para recuperar los sustratos del banco, «porque ahora siembras y la supervivencia es mínima, estás tirando el dinero al mar». Lejos quedan, constata, los tiempos en que el número de mariscadores en la ría era tal «que había quien iba en lancha por el mar vendiéndoles bocadillos y refrescos».

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