¿Sabes por qué la velocidad de un barco se mide en nudos?


¿Tiene usted miedo a caerse por los bordes de la Tierra? Seguramente no. Pues bien, en el pasado los marineros sí abrigaban dicho temor, y por tanto solían navegar cerca de la costa. Sin embargo, algunos valientes olvidaron sus recelos y se adentraron en alta mar.

¿Cómo encontraban su rumbo estos viajeros de la antigüedad? Pues dependían de un procedimiento denominado estima que requería conocer tres datos: el punto de partida del buque, su velocidad y su rumbo. Saber el primer dato era fácil, pero... ¿Y el resto?

En 1492, Cristóbal Colón se valió de una brújula. Sin embargo, este medio no estuvo al alcance de los europeos sino hasta el siglo XII. Los pilotos anteriores tuvieron que orientarse por el Sol y las estrellas y, si el cielo estaba nublado, por olas oceánicas de gran longitud producidas a intervalos regulares por vientos constantes. Anotaban la alineación de dichas olas con respecto al Sol naciente, el ocaso y las estrellas. Eso en lo que atañe al rumbo, pero ¿cómo calculaban la velocidad?

Un método consistía en medir el tiempo que tardaba el barco en sobrepasar un objeto lanzado desde la proa. Más tarde se ideó un sistema más preciso en el que se arrojaba por la borda un pedazo de madera atado a un cabo con un nudo cada cierto tramo. Al ir avanzando la nave, la madera flotante tiraba del cabo. Cuando se cumplía cierto plazo, se recogía y se contaban los nudos, de ahí que se calculase la velocidad mediante esa unidad de medida todavía vigente y que equivale a una milla náutica por hora o lo que es igual 1,852 kilómetros por hora. Ese artilugio empleado recibía el nombre de corredera y el cálculo de la velocidad se completaba con la medición del tiempo transcurrido mediante un reloj de arena.

Una vez conocida la velocidad, el navegante determinaba la distancia recorrida en un día y reflejaba el progreso realizado en dirección al punto de destino trazando una línea en la carta (mapa marino). Las corrientes oceánicas y los vientos laterales podían sacar de trayectoria al barco, por lo que periódicamente había que calcular y anotar las modificaciones de pilotaje requeridas para mantener el rumbo. Gracias al procedimiento de la estima, Colón logró ir y volver de España a América hace más de quinientos años, y sus detalladas cartas permiten que los marineros actuales reproduzcan su extraordinaria travesía.

Ven al Museo Naval de Ferrol y te contamos más cosas). Más información en la web del museo http://armada.mde.es/museonavalferrol y visitas guiadas en la dirección de correo: museonavalferrol@fn.mde.es.

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