Altar mexicano para Concepción Arenal

El Patronato que lleva el nombre de la escritora rescató costumbres de más allá del Atlántico


Ferrol

Un rincón de Ferrol, la sede del Patronato Concepción Arenal, tuvo la oportunidad de vivir el 1 de noviembre de una forma diferente, con sabor a México y Ecuador. La entidad, dentro de sus objetivos en el programa de Mediación en Movilidad Humana, rescató las costumbres del Día de Difuntos de estos dos países de más allá del Atlántico. «Es una experiencia muy interesante y con la que aprendemos mucho. Queremos que, a lo largo de los próximos meses, los países con comunidad en Ferrol tengan una jornada así para ellos», cuenta la presidenta del Patronato, Bea Dorrio. Por eso, aprovechando lo relevantes que son estas fechas para México, este jueves levantaron un altar típico, dedicado en este caso a Concepción Arenal. Además, hubo degustación de colada morada, típica en Ecuador.

«En mi casa lo hago como todos los años, pero esta vez es especial porque lo podemos compartir aquí», resalta Carmencita Moy, una de las encargadas de levantar el altar. En su país, México, según explica, estas fechas son muy importantes. «Los homenajes que se hacen a nuestros muertos varían mucho dependiendo de la región, pero desde las culturas ancestrales se celebra de una forma diferente. En aquellos tiempos conservaban el cráneo como trofeo», detalla.

El altar que construyeron este jueves en la sede del Patronato, en la calle de la Iglesia, constó de siete niveles. El primero lleva la imagen del santo del que era devoto el difunto, aunque en este caso se colocó a Concepción Arenal. El segundo es el de las ánimas del purgatorio. El tercero, la sal de la purificación del espíritu para los niños. El cuarto, el pan de muerto, una especie de «volcancito», con sabor a anís y limón, que en este caso llevaba una bolita para representar el cráneo y cuatro huesitos, cada uno por un punto cardinal. Mientras, el quinto nivel recoge la comida y la fruta que le gustaban al difunto. El sexto, la foto de la persona fallecida. Y en el séptimo se pone la cruz de tejocote -una fruta similar a la manzana- y limas. 

Desde muy pequeños

Los niveles representan los siete escalones que debe atravesar el alma para poder llegar al descanso o paz espiritual. Además, en el altar no pueden faltar las ofrendas de todo tipo y el momento se suele acompañar con música. «Los allegados se suelen quedar toda la noche del 1 al 2 acompañando al difunto. Ya desde pequeños, en los colegios, tenemos la costumbre de honrar a los muertos de esta manera», añade Carmencita.

Al mismo tiempo que estaba elevado el altar, Pablo Montoya, cocinero del Parador de Ferrol, preparó colada morada, típica de su país, Ecuador. «Es una costumbre muy antigua. El 2 de noviembre se suele ir al cementerio con una ración y se come con el difunto, a modo de reencuentro familiar», relata. El ingrediente principal es una harina de maíz de una variedad violeta oscura. Esta se añade a una elaboración de agua infusionada con canela e ishpingo -entre otros ingredientes-, que se mezcla con agua infusionada con moras y mortiño (arándano). Se tritura todo con azúcar, se cuela, se le añaden dados de piña y fresa, y se reduce todo a fuego lento. Después se acompaña con guaguas (niños) de pan, que tienen forma de muñeco y simbolizan al difunto. La colada ejerce de enlace con el más allá.

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