Ferrol presume de caballos de pura raza gallega

Juan Chedas, juez, y José Fandiño, criador, trabajan por ensalzar la especie autóctona


Ferrol / la voz

Leixa tiene diez años, su pelo luce castaño oscuro con crines negras y es considerada la segunda yegua pura raza gallega más bella de la comunidad. Fue coronada en la final del certamen sobre la morfología de la especie autóctona celebrada en Mondoñedo donde tanto el equipo como su dueño, José Fandiño, consiguieron el subcampeonato autonómico.

¿Cómo debe ser un caballo gallego? «Miramos los aplomos, la cabeza, el dorso, el cuello, los cascos, las crines, la cola... No entra cualquier caballo en el pura raza gallego. Suelen ser castaños o negros, los blancos ya no entran, ni pueden tener marcas claras; no pueden pasar de 1,55, es casi un tipo poni grande», detalla Juan Chedas. Es juez oficial de esta raza de la Xunta de Galicia y lleva cerca de una década dedicándose a esta labor. «La raza autóctona se estaba extinguiendo ya que se utilizaba solo para carne», recuerda, y la Xunta quiso formar a jueces para promover la raza en otros contextos como la andadura. «Empezamos a hacer la labor de concienciar a la gente a que el caballo gallego valía para mucho más que para carne. La gente ahora los presenta a concursos morfológicos, hay una asociación en Sergudes haciendo doma y exhibiciones... Ha pasado de estar casi extinguido a recobrar toda su importancia», destaca Chedas, que también imparte clases de equitación en San Sadurniño.

Así se ligó Fandiño a la cría de caballos de raza autóctona. «Me dedico a esto desde el año 2004. Aunque soy funcionario, los caballos son mi gran afición, es algo que he vivido desde siempre y a lo que se dedicaba mi padre. Siempre me gustaron», recuerda. Comenzó con caballos de trote y andadura, a los que ahora suma luna yegua y un caballo gallegos.

Además de Leixa, desde hace unas semanas tiene otro ejemplar también autóctono, Moreno Tercero, llamado a ser un gran referente de la raza por sus cualidades únicas. «Tiene catorce años, el pelo de color negro, y unas crines y rabo escandalosos, muy grandes y espesos, hay pocos caballos así», destaca. Solo lo ha presentado por el momento a un concurso, en el que quedó cuarto, ya que llegó a la familia tras fallecer otro de sus caballos gallegos.

Reconoce que los caballos necesitan muchos cuidados para estar al mejor nivel. «Requieren muchos cuidados capilares, ¡les hace falta un peluquero!», bromea. Y recalca la importancia de que disfruten del ambiente al aire libre. «Los tengo todo el día en la finca fuera y los recojo de noche», recalca.

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