El Canido alegre


El tirón al que está sometiendo el barrio de Canido a la ciudad es importante. Allí están marcando una nueva época que se sale del tiempo actual. Atrás queda ya cuando no vendían ni una escoba, para colocarse en tierra de promisión, y ya no es un lugar de paso, es un lugar de meta. Y se puede decir que este progreso comenzó a iluminarse con Las Meninas de Eduardo Hermida, al principio con cierta chufla, pero pronto calaron en los vecinos y encontró el artista su valiosa colaboración, y entre todos colocaron a Canido en el mapa del país, donde se ensalzó la genial idea.

Por eso el barrio de Canido está alegre. Además tiene una nueva corriente arquitectónica, otra fisonomía, y esta estupenda exposición a pie de calle. Con ella llegó un capítulo de actividades para todos los públicos en el Corral de Chapón, en el Crucero. A unos los pillan viejos, pero a una gran mayoría les da la oportunidad de ir allí y disfrutar cogiendo un pincel y una espátula y, en aquellas ilustres paredes, pintar algo bueno, bonito y original, más allá de nuestra pobre época. A Canido van los artistas a hacer composiciones complejas y allí se ven varias corrientes de pintura joven y moderna. Abundan los grafiteros con su oscura gama de colores y técnica habitual, suscitando satisfacción porque representan las cosas simples, seres vulgares y la emoción para los visitantes, al ir de calle en calle y de casa en casa disfrutando de exaltaciones retóricas y grandiosidades expresivas.

Y no todo es pintura original. También hay frases inéditas: «Para ser creíble debo ser visto». Así reza en una de esas paredes, donde también hay escenas de rechazo a cierta política que estamos sufriendo. Todas las expresiones son por amor al arte y ni un solo anuncio en todos los espacios, ni de turrones El Almendro, ahora que se acerca la Navidad. Por todo ello también velan vecinos muy especiales, como Fernando Miramontes, que en su larga vida ayudó a sacar al barrio de la aldea de Canido de la fealdad, de aquella reliquia paleolítica y remontar hasta colocarlo en el foco actual que enorgullece Ferrol por tal grandiosidad. Por eso el celebérrimo cuadro de Velázquez, que allí se repite en diferentes estilos, tiene Las Meninas tan contentas de estar en Canido como en el Museo del Prado.

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