Tanta felicidad


Darle el nombre de Alfredo Martín a un espacio público que perpetúe la memoria del gran belenista ferrolano, no solo sería de justicia, me parece a mí, sino que es absolutamente necesario. Ferrol está en deuda con Alfredo Martín, creador de un prodigio que ha alimentado los sueños de una infinidad de niños (de aquellos niños que fuimos en otro tiempo y de los que descendemos de alguna misteriosa manera que nunca acabaremos de explicarnos). La primera vez que visité ese Belén, el maravilloso Belén de la Orden Tercera, tendría yo cuatro o cinco años. Me gustaba que me trajesen a Ferrol, que era un lugar con muchas luces y con un mar lleno de barcos. Pero jamás habría imaginado toda la felicidad que me aguardaba aquel día. Traía yo en la mano la carta para los Reyes Magos, imaginando que la echaría en algún buzón dispuesto a tal efecto, pero nada más llegar a los locales de la Orden Tercera, al final de una pequeña escalera, y antes de entrar en el Belén, me encontré con que allí estaban don Melchor, don Gaspar y don Baltasar, creo recordar que bajo un baldaquino de cartón piedra. Les entregué la carta en persona, y la recogieron muy sonrientes. Hasta me regalaron una postal del Nacimiento. Aquel día entendí que Papá Noel nunca podría contar conmigo entre los suyos, que yo me había decantado ya por los clásicos. Después entramos a ver el Belén, y se completó el milagro. Todas aquellas preciosas figuras tenían vida propia, se movían de forma inexplicable. Nunca olvidaré tanta felicidad. Y sé muy bien que Alfredo está ahora con sus amigos los Reyes Magos, pero creo que nosotros, aquí, no podemos olvidarnos de darle las gracias.

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