Minifundio


Es evidente que los partidos políticos no modificaron la Ley Electoral en la dirección de favorecer la estabilidad y la gobernabilidad de los ayuntamientos. Pero la experiencia ya permite valorar sus efectos en la dinámica política municipal. Y comprobar cómo un alcalde puede permanecer en su cargo cuando casi la mitad de los que votaron su investidura le retiran la confianza. Pero lo dejan cómodamente instalado en su sillón. Eso sí, con una dialéctica y una gestualidad que huele a chamusquina. Porque, si se tercia, en mayo repetirán la jugada.

Pero no solo los alcaldes son los responsables. Porque es posible investirlos, no entrar en el gobierno y ser, desde el minuto cero «leal oposición» con apoyos puntuales. Lo que, de hecho, lleva a situaciones en las que una minoría, incluso de un solo concejal, impone sus criterios en la labor del ejecutivo. Ya sé que para eso está la moción de censura. Pero es una ficción. Hay grupos que rodean a otro o a otros, de un cordón sanitario, sin más motivo que el sectarismo. Porque, a nivel local sobre todo, es muy fácil distinguir los asuntos de naturaleza exclusivamente política, que no hay porque apoyar, de los de gobernanza cotidiana.

Pero la ley es la que es. Y es posible que la Corporación Municipal que salga de las elecciones del 26 de mayo -en Ferrol, por ejemplo- sea un minifundio en el que solo habrá un acuerdo posible -si no hay una mayoría absoluta- un no a… Mientras, desde fuera, unos lloran por el concejal que no sacaron y otros, en su solitario escaño, se convierten en llave de todas las alternativas.

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