La crisis de la patata ya dura dos años

El 4 de marzo de 2019 se cumplirá el período inicial de prohibición de plantar en 14 concellos de la comarca, por la plaga de la polilla, y nadie sabe aún si se prorrogará


ORTIGUEIRA / LA VOZ

La pregunta se repite casi a diario en las oficinas agrarias de Ferrolterra, Eume y Ortegal. «Poderemos botar as patacas o ano que vén?». Los vecinos quieren saber si deben encargar las patatas de siembra -en la zona costera el cultivo se adelanta a comienzos de año- para volver a cultivar sus tierras y cosechar sus patatas. El programa nacional de control y erradicación de la Tecia solanivora, o polilla guatemalteca, aprobado por el Ministerio de Agricultura el 3 de marzo de 2017, prohibió la plantación de patatas «durante un mínimo de dos años», que se cumplirán el 4 de marzo de 2019. «Transcurrido este plazo, la autoridad valorará la situación de la plaga, y si no se ha conseguido la erradicación, podrá prorrogar el período de vigencia de esta prohibición».

La veda afecta a Ferrol, Narón y Neda (donde se declaró el inicio de la plaga, en noviembre de 2015), Valdoviño, San Sadurniño, A Capela, Fene, Mugardos, Ares, Cabanas, Ortigueira, Mañón, As Pontes y Cariño. As Somozas, Moeche y Cerdido, rodeados del área infestada, se consideran zona tampón, con menos restricciones. La Consellería de Medio Rural desconoce si la prohibición se levantará o no en marzo. En 2017 se destruyeron 185.783 kilos de patatas de cosecha (incluyendo A Mariña lucense); 88.205 de siembra y 50.000 de almacenes y comercializadores. En Ferrolterra, Eume y Ortegal se concedieron 308 indemnizaciones, por 58.397 euros, y se tramitaron siete sanciones de 300 a 3.001 euros. Medio Rural ha colocado este año 1.170 trampas por toda Galicia.

Pase lo que pase, Josefa Rodríguez, octogenaria de Mañón, ya ha decidido que no volverá a cavar en el patatal. En estos dos años ha corroborado lo que ya sospechaba, que el cultivo para autoconsumo «non é rendible». «Gasto menos comprándoas», reconoce, con pesar: «Pero como as da miña horta non sabe ningunha». En su situación hay cientos de personas. Más del 90 % de los afectados por la prohibición son productores particulares, muchos quieren plantar de nuevo y critican la gestión de una plaga que no entienden, «porque aquí non se viu ningún insecto».

La economía de los pocos profesionales del sector de la zona se ha resentido y urgen una salida. En este tiempo no se ha cumplido uno de los temores, un alza sin control del precio, con altibajos, apunta el fenés Ángel Portela, que abrió un almacén en Mera (Ortigueira) a raíz de la crisis. «El saco de 20 kilos llegó a 20 euros, ahora anda por 13», con reparto gratuito a domicilio. En las tiendas de la zona han aumentado las ventas, aunque comerciantes como María Veiga, de Casa Avelino (Ferrol), lamentan no contar con producto local y optan por el gallego, «cuando hay», o por otras variedades de calidad, aunque tengan que cobrarlas más caras.

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