Las ingenierías recuperan el pulso

Tras la pérdida de alumnos registrada el año pasado, la Escuela Politécnica Superior de Esteiro ha logrado incrementar la matrícula en todos sus grados este curso

Sofía Fraga estudia Ingeniería Mecánica e Ingeniería Naval en la Politécnica Superior de Esteiro
Sofía Fraga estudia Ingeniería Mecánica e Ingeniería Naval en la Politécnica Superior de Esteiro

ferrol / la voz

Hace justo ahora un año, en estas mismas páginas, el director de la Escuela Politécnica de Esteiro, Armando Yáñez mostraba su preocupación por el bajón de la matrícula registrado en los grados del centro, especialmente en Ingeniería en Tecnologías Industriales y en Ingeniería Naval. Doce meses después, sin embargo, el escenario que pinta Yáñez invita al optimismo. «Estamos muy contentos porque este curso la matrícula se ha incrementado en todos los grados y en el caso de Tecnologías Industriales casi la hemos duplicado», comenta satisfecho el director del centro.

¿A qué se ha debido este repunte en la matrícula? Yáñez no tiene una respuesta clara para esta pregunta, pero quiere pensar que en ese incremento de estudiantes de nuevo acceso ha tenido mucho que ver la intensa campaña de promoción de los títulos llevada a cabo por la escuela en los últimos meses, con la organización de visitas de los institutos al centro «prácticamente todas las semanas del curso». En cualquier caso, el director Politécnica espera que esta subida de la matrícula no se quede en algo «puntual», sino se convierta en el inicio de un «cambio de tendencia» que llevará a las ingenierías a recuperar el atractivo perdido ante el progresivo avance de otras carreras de ciencias, como Física o Matemáticas.

«En los últimos años estos grados han vivido una especie de bum por el incremento de su inserción laboral, pero no se puede olvidar que, por mucho que haya aumentado esa inserción, la demanda de ingenieros sigue siendo mucho más elevada que la de físicos o matemáticos», advierte Yáñez.

En este punto también incide la subdirectora de Organización Académica de la Politécnica, Sonia Zaragoza, quien asegura que la necesidad de ingenieros va a más. «La profesión es preciosa, pero no está de moda y la verdad es que es una pena, porque a la escuela nos llegan constantemente ofertas de trabajo a las que tenemos que decir que no porque no contamos con suficientes titulados», anota Zaragoza.

Por eso -y a pesar del ligero repunte de la matrícula registrado este año-, la Politécnica de Esteiro no piensa bajar la guardia y seguirá trabajando a destajo en la promoción de los títulos este año. «El número de alumnos que tenemos continúa siendo bajo para toda la demanda que hay. Por ejemplo, en primero de Ingeniería Naval se han matriculado veinte estudiantes, que son más que los del año pasado, pero siguen siendo insuficientes. El sector tiene cabida para muchos más», señala Yáñez.

«Estudiar dos carreras a la vez no es tan duro como la gente puede pensar»

La simultaneidad de estudios de Ingeniería Mecánica e Ingeniería Naval se ha convertido en uno de los programas académicos más exitosos de la Politécnica. Ofrece la posibilidad de obtener dos títulos en cinco años -la duración normal de un grado es de cuatro-, aumentando para ello el número de créditos por curso, reduciendo al máximo las asignaturas optativas de cada carrera y aprovechando la circunstancia de que el primer curso es común a todas las ingenierías.

«Estudiar dos carreras a la vez con un programa como este puede parecer muy complicado, pero no es tan duro como la gente cree. Yo no me considero especialmente inteligente, pero sí muy trabajadora y cabezona. Cuando me propongo algo, voy a por ello», comenta la alumna pontevedresa Sofía Fraga, de 20 años, que acaba de comenzar su tercer curso en la Politécnica de Esteiro con solo una asignatura pendiente de segundo.

Sofía cuenta que su sueño era estudiar Ingeniería Aeroespacial, pero como la nota de selectividad no le llegó para entrar, se decidió por la simultaneidad de Ingeniería Mecánica e Ingeniería Naval en Esteiro. «Mi intención era hacer primero y volver a presentarme en selectividad, para intentar subir nota y cambiarme a Ingeniería Aeroespacial, pero me enamoré de Ferrol y de esta escuela y ya no me quise marchar», comenta Sofía, quien no tiene más que piropos para el personal docente. «En otras escuelas el alumno es solo un número más, mientras que aquí los profesores siempre nos ayudan y realmente se preocupan por nosotros».

Mirando al futuro y, puestos a soñar, a Sofía Fraga le encantaría trabajar como ingeniera de reactores en la NASA o en un laboratorio de I+D de automoción.

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