La media de edad de los sacerdotes de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol sigue creciendo y ya ronda los 70 años

Cada vez son más los curas octogenarios que lsiguen llevando a cabo labor pastoral, e incluso hay quien está en activo a los 90


ferrol / la voz

El dato lo subrayaba ayer el vicario general, Antonio Rodríguez Basanta: la media de edad de los sacerdotes de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol ya ha superado los 69 años, y no tardará mucho en alcanzar los 70. Hasta hay algún caso, como el de monseñor García Amor, prelado de honor de Su Santidad el Papa, canónigo de la catedral de Mondoñedo, exvicario general y exadministrador diocesano, que con 90 años ya cumplidos sigue llevando a cabo una intensa labor pastoral en las parroquias de la Terra Chá, ejerciendo lo que, por cierto, siempre dijo que era su verdadera vocación, la de cura rural.

Especialmente significativo fue, también, el caso del ya fallecido, pero muy recordado, monseñor Cal Pardo, prelado de honor de Su Santidad el Papa y canónigo catedralicio al igual que García Amor, y sacerdote que hasta su fallecimiento, a los 93 años de edad, ejerció como deán de la catedral de Mondoñedo, cargo de compaginó con su infatigable labor como director del archivo de la basílica mindoniense, entre cuyos pergaminos logró dar a conocer aspectos fundamentales de la Edad Media gallega.

Todo el norte gallego

Para atender las 422 parroquias del norte gallego -las de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, que abarca las áreas septentrionales de las provincias de A Coruña y Lugo-, el Obispado solo cuenta con 110 sacerdotes «en activo». Es decir, que no se han jubilado todavía, cosa que oficialmente sucede a los 75 años de edad. Pero -subrayan desde el Obispado-, a esta cifra vienen a unirse aproximadamente una docena de sacerdotes diocesanos más, que, aun habiéndose «retirado» ya en teoría, en la práctica continúan ejerciendo la labor pastoral hasta donde se lo permiten sus fuerzas. Aun así, y con la crisis de vocaciones sacerdotales en un momento especialmente grave, la situación ya empieza ser poco menos que insostenible.

Un cambio radical

Y este es, precisamente, el estado de cosas que ha llevado a la cúpula del Obispado a afrontar la necesidad de dar un cambio radicar a la organización del territorio diocesano para lograr que, a diferencia de lo que sucede en gran parte de Europa, en el territorio que tiene por capitales a Ferrol y Mondoñedo siga habiendo culto en todas las parroquias.

El proceso de agrupación de esas parroquias en unidades pastorales, lejos de paralizarse, se va a acelerar hasta abarcar todo el territorio diocesano. La Galicia del Norte entera.

El papel del obispo

«Todos los diocesanos estamos llamados a mirar más allá, disponiéndonos generosamente a formar comunidad cristiana con otras parroquias», dice el propio obispo, Luis Ángel de las Heras, que llama a dar un «decidido impulso» a este proceso para «revitalizar la comunidad cristiana». Y eso es algo, dice el prelado, que no puede retrasarse. Zonas como el casco histórico de Ferrol, la Terra Chá, As Pontes y las áreas más pobladas de Narón tienen ya sus parroquias reagrupadas. Y en el plazo de diez años, esta fórmula estará en vigor en toda la diócesis, que estará reorganizada, finalmente, en 30 unidades pastorales.

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