«¡Fantásticas las centollas de Bares!»

El público se emocionó al paso de los ciclistas de La Vuelta, en otro día «histórico para Ortegal»


ESTACA DE BARES

Jamás se había hablado tanto del punto más septentrional de la Península. Y esta vez no ha sido ni por la base americana, ni por el faro, ni por el parapente, ni por los temporales, ni siquiera por el observatorio ornitológico -«es el mejor lugar de Europa para ver las migraciones de aves oceánicas», en palabras del experto Antonio Sandoval-. «Venimos por los ciclistas... Y por las centollas [del restaurante La Marina], fantásticas», reconoce Franco, milanés, mientras su mujer, Marina, observa el paisaje, «molto bello». Esta pareja viaja por Galicia con su amiga Estefanía, familiar del corredor Edward Ravasi.

A Mónica, toledana de Illescas, y a su familia les sorprendió La Vuelta de ruta por la comarca. «Estamos de vacaciones en Foz, salimos y al enterarnos de que acababa aquí la etapa nos acercamos y bajamos a comer al Porto de Bares. ¡Qué paisaje tan bonito!», cuenta. Pero los más entusiastas, entre tanto bullicio, fueron los vecinos. Primero en O Barqueiro, con doble función, de ida y vuelta. «Hay mucho movimiento», comentaban en bares y tiendas. Javier, de la panadería Picos, cumplió lo prometido la víspera en una emisora de radio y obsequió a los periodistas con una sabrosa empanada de pulpo.

El alcalde de Mañón, Alfonso Balseiro, también quiso que el Concello recompensara a los reporteros, tras una intensa jornada, repartiendo café con leche y roscón en el polideportivo. Personal de los equipos, las empresas de montaje y la organización compraron lotería de Navidad en el estanco, «por eso de que no sabes dónde va a caer». A los voluntarios de Protección Civil les tocó pasar frío en el cruce de Esteiro, pero al menos pudieron ver a los corredores en primera línea. Como los vecinos de la Vila de Bares, mezclados «con algún venidero de Ferrol», apostados en el mirador desde primera hora de la tarde. Del Porto también subieron, sorteando los furgones antidisturbios, las motos de la Guardia Civil y los vehículos de los equipos. «Aí vai o helicóptero da televisión, hai que saudar», gritaban en la última curva antes del desvío hacia el faro. Allí se situaron Richard y Laura, de la comarca cacereña de Las Hurdes, y sus hijos, Víctor, de seis años, y Vega, de tres: «Estamos de vacaciones en Ortigueira, hemos estado en el banco y los acantilados de Loiba y hemos aprovechado para venir al faro de Estaca de Bares».

De fondo sonaban la publicidad, «calcetines a cinco euros», las motos, los gritos y los aplausos del público, animando a los fugados -«venga, que ganáis»-, al pelotón -«lo que más impresiona»- y a los rezagados -«pobrecitos, con lo duro que es»-.

Antonio y Juan gozaron del fresquito, después de muchas semanas a 40 grados. El miércoles recorrieron 857 kilómetros, desde Jaén, para ver la etapa que culminó en Ribeira Sacra, y ahora seguirán hasta Andorra. «Esto es maravilloso, muy bonito, y hemos comido pulpo, muy tierno». Tomás, vilalbés, y Lorena, ferrolana, ya conocían la zona, pero no quisieron perderse «este día histórico» y caminaron desde O Barqueiro. Igual que Luis, de Melide, y sus hijos Xoel, de 13 años, y Brandán, de 10: «Nunca viñéramos, pero volveremos, seguro».

Pero nadie mostró tan buena forma física como los coruñeses Jenaro y Manolo, taxistas jubilados, que alquilaron una furgoneta desde su ciudad -«porque Renfe no permite llevar las bicicletas a bordo entre A Coruña y Ferrol», criticaron- con intención de completar en bici el trayecto Ferrol-Estaca de Bares. «Pero como por la mañana llovía, trajimos la furgo hasta Ponte Mera, y desde allí , pedaleando». Otra vez La Vuelta en Ortegal, y ya van tres desde 2014.

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