El Pasatiempo de Betanzos


Ferrol

Todos los ferrolanos de pura cepa, los de toda la vida y los que ya dejaron el bachillerato hace unas décadas, visitamos alguna vez el parque de El Pasatiempo de Betanzos. Y miles de veces la ciudad de Betanzos, la ciudad antigua (a punto de cumplir 800 años), noble, acogedora y culta. Porque a Betanzos de los Caballeros se le tiene un cariño especial y un enorme respeto tal vez consecuencia de que los señoríos de Ferrol, Pontedeume y Vilalba, dependían de su jurisdicción. Era la época en la que Betanzos jugaba un papel destacado en el Reino de Galicia, hasta el punto de ser una de sus siete capitales y ser designada para albergar el Archivo del Antiguo Reino, edificio que sigue en pie pero que nunca llegó a ver los legajos dentro de sus paredes. A Betanzos se iba a las ferias, a tomar los vinos y a comer la tortilla de patatas. La mejor del mundo. A Betanzos se iba a las fiestas, a ver cómo ascendía el globo y a la romería de los Caneiros. Y se iba también a pasear por El Pasatiempo.

 El Pasatiempo es un lugar especial. Diferente al parque Güell diseñado por Gaudí o al de la Quinta da Regaleira de Sintra, aunque ambos fuesen fruto del ingenio de librepensadores. El Pasatiempo, obra de los hermanos García Naveira, es un parque instructivo, enciclopédico, en el que Juan y Jesús quisieron reflejar todos los conocimientos que habían adquirido en sus viajes. Una enciclopedia en la que se podían ver las estatuas de los emperadores romanos o los grandes escritores; y las pirámides, la muralla china y el canal de Panamá. Allí estaban grandes adelantos tecnológicos como un buzo con su escafandra, un zepelín surcando los aires o una máquina de tren. Y el mural de los relojes, con todas las horas del mundo. Y estanques, fuentes, laberintos, la casa de los espejos, grutas y cuevas. Allí se podían ver especies de árboles de otros países, y apreciar todas las colonias españolas hijas de la República. Y Argentina, su querida Argentina.

Los hermanos García Naveira, indianos, masones, católicos y republicanos, fueron los grandes benefactores de Betanzos a comienzos del siglo XX. Inauguraron El Pasatiempo en 1914 y lo disfrutaron hasta 1933, año en que murió Juan y comenzó el declive del parque. Ahora, después de muchos años de abandono y saqueos, un grupo de betanceiros crearon la Asociación de Amigos del Pasatiempo. Editan un blog, una revista, libros, organizan conferencias y hasta han celebrado una romería indiana. Comenzaron los trámites para que El Pasatiempo sea Bien de Interés Cultural. Lo van a conseguir y los ferrolanos, empezando por el que esto escribe, se lo agradeceremos tanto como sus antepasados lo hicieron en su día a los hermanos García Naveira.

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