El contrachapado de la discordia

Los noventa metros de la calle Real que pasan por delante de la plaza de Armas amanecieron peatonalizados, y el párking subterráneo, inutilizado para siempre

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Ferrol

Vaya, vaya. Y valla, valla. No era mal día ayer, delante de la plaza de Armas, para aprender a diferenciar ambos términos. Porque vaya la que se ha armado con las seis vallas que ya forman parte del mobiliario urbano de la calle Real. Tres están colocadas en el acceso desde la calle de la Tierra. Las otras tres, con una señal de prohibido colgada en cada una, en la rampa del desaparecido párking subterráneo. Allí, varios tableros de contrachapado tapian, desde la noche de San Ramón, más de cien plazas de aparcamiento. Son, sin duda, el centro de atención de todo viandante que pasa por la zona, más de uno con recuerdo fotográfico incluido. «A pesar de ser el más antiguo de toda la ciudad, era el que más se utilizaba. Una cabezonada más del alcalde, que se empeña en hacer la obra a pesar de que una veintena de entidades están en contra. Y, aún encima, dice que la petición llegó tarde», lamentaba Juan Martínez, que mientras sus nietos curioseaban entre las vallas, sacaba alguna instantánea.

A la conversación se unió Marc Canals, un arquitecto de Barcelona que viaja siempre en verano a Ferrol. «Nunca lo había utilizado porque no daba confianza y mi coche era muy alto, pero lo suyo sería reformarlo, no eliminarlo. A ver si Armas no acaba igual que la plaza de España», comentaba. Al otro lado de la calle, tres personas se detenían a observar el nuevo aspecto del párking. «No nos gusta que saquen el aparcamiento. Que sigan así, que desde que alguna calle es peatonal, ya se ha visto cómo le ha ido», valoraba Esther Díaz, que trabajó veinticinco años en un comercio del centro y ahora está en el paro. En su opinión, esta es una forma de «destrozar» la ciudad.

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Otros, mientras, disfrutaban de poder pisar el adoquín en esa zona. «Me parece bien que este tramo sea peatonal», señalaba Elsa Cabada, aunque, eso sí, también apuntaba que le gustaría «tener donde aparcar». Durante la mañana todavía se veían coches estacionados a ambos laterales de los noventa metros de la calle Real reconvertidos. Alrededor, los conductores daban vueltas, echando de menos, quizás, las plazas que quedaron sepultadas.

Otros que sintieron el cambio fueron los taxistas, que ahora, para subir por la calle Rubalcava, tendrán que bajar hasta la calle de la Iglesia. «A mí me parece un atraso para un casco urbano como este, porque la gente, por mucho que se le intente concienciar, va a querer aparcar cerca del sitio al que va», expresaba Emilio, uno de los taxistas. El contrachapado se ha ganado a más de un crítico y el futuro de la zona es una incertidumbre.

El adiós de Adolfo Domínguez deja aún más reducida la oferta comercial

Los comerciantes cuyos establecimientos se encuentran en el tramo de la calle Real peatonalizado vivieron ayer una jornada de cambio. «Pensé que era por las fiestas, a nosotros no nos avisó nadie», aseguraba Carmen Romero, de Nueve Moda. Su negocio, una óptica y una tienda de móviles son los únicos que quedarán a pie de acera. Ahora sigue Adolfo Domínguez, pero por una decisión de la firma echará el cierre el próximo 19 de septiembre. Así, tras el adiós de Zara, se sigue vaciando ese tramo. «Una vez empiece la obra, a ver qué ocurre. Quedamos tres locales y ahora no tenemos aparcamiento delante. A ver si al menos reforman el Sánchez Aguilera», añadía Carmen, con el cartel de los comerciantes en contra de la eliminación en la puerta.

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