Santa Comba estrena escaleras

La nueva subida a la ermita, que se abrirá el domingo para la misa, no convence a los vecinos porque no tiene accesibilidad universal y está condicionada a las mareas


Ferrol

Tras ocho años de espera, ya se puede acceder a la ermita de Santa Comba, siempre y cuando no se tengan problemas físicos para subir escaleras y con el condicionante añadido de tener que esperar a que baje la marea. La empresa Construcciones Guerreiro, de As Somozas, finalizó el pasado lunes la estructura de hormigón y madera que permite llegar a la capilla, enclavada en la Illa do Medio, un islote ubicado en el litoral de la parroquia de Covas.

Las obras, con un coste de 60.000 euros, aún no han sido recepcionadas por el Concello, pero las ansias de la gente por conocer el nuevo acceso han propiciado que algunas personas se hayan colado ya, a pesar de la cinta de cierre colocada por la empresa. Según indica el constructor, Enrique Guerreiro, incluso llegó a producirse un pequeño encontronazo el lunes cuando los obreros aún estaban rematando los trabajos, por parte de un grupo de gente que, al impedirles el paso, llegaron a amenazar con llamar a la Policía, porque arriba había una persona que había entrado sin que la vieran.

Reacciones críticas

Y es que la esperada intervención no solo despierta el interés de los vecinos de Covas, como lo demuestra el hecho de que una foto del remate de la obra publicada por La Voz en las redes sociales provocase cerca de 150 comentarios, casi todos críticos con la mole de hormigón adosada a los acantilados de este preciado enclave histórico y natural.

En cuanto a los habitantes de Covas, el presidente vecinal, Manuel Sendón, manifestó ayer que está bien que la ermita de Santa Comba recupere el acceso, aunque la solución adoptada no agrada ni a la asociación ni a muchos vecinos. «Sin entrar en el tema de la estética, lo idóneo sería construir un puente peatonal que no limitase el acceso de muchas personas de movilidad reducida, como ocurre con esta estructura, y que tampoco estuviese sujeto a las mareas», apuntó Sendón.

Según dijo, el propio gobierno de Ferrol lo reconoció, pero decidió realizar esta obra porque ni Costas ni Patrimonio autorizaban el puente. A este respecto, el presidente de la asociación vecinal se muestra convencido de que «si el Concello hiciese fuerza, con el apoyo de los vecinos, podríamos haberlo logrado, pero se fue a lo cómodo».

Pese a que la obra no les convence, Manuel Sendón agradece a la concejala de Patrimonio Histórico y Zona Rural, Rosa Méndez, que por lo menos hubiese solventado, aunque no de la forma más conveniente, el problema de la incomunicación de la ermita, que se venía arrastrando desde hace ocho años.

El mantenimiento de la capilla, en la que, con motivo de las fiestas patronales de Covas, volverá a celebrarse la misa el próximo domingo, a las 11 de la mañana, corre a cargo de la sociedad cultural Columba. Su presidente, José López Hermida, se muestra encantado de poder recuperar el acceso. «Después de tanto tiempo esperando, cualquier cosa es buena», dijo, añadiendo que la Xunta «no quiso entrar en razones con el puente» y que, en todo caso, «la gente ya tenía asumido que había que subir por escaleras», como se hacía antes de que un fuerte temporal las destruyera en 2010.

Una obra compleja por las dificultades del suelo que se espera resista los envites del temporal

La obra realizada por Construcciones Guerreiro resultó ser más compleja de lo esperado, tanto por el complicado lugar de la intervención -solo pudieron trabajar cuando la marea estaba baja- como por la aparición de dos grandes huecos que hubo que rellenar de hormigón para sustentar toda la estructura. Según explica el responsable de la empresa, Enrique Guerreiro, tampoco resultó fácil el acopio de material, de forma que el hormigón tuvo que bajarse hasta la playa por medio de una grúa, esperando siempre la bajada de la marea.

Los materiales también son especiales, para resistir los impactos del oleaje y para tratar de mimetizarlo al máximo con el entorno rocoso. Así, al hormigón empleado se le ha dado la tonalidad de los acantilados, mientras que la madera de pino ha sido tratada en autoclave y solo está presente en los once últimos escalones del acceso.

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