«En África fue una experiencia de ayuda mutua»

La ferrolana Lucía Díaz, estudiante de medicina, aportó su granito de arena como cooperante en Senegal y a la vez creció a nivel personal

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FERROL

Al tiempo que lo poco o mucho que pudo aportar en África estaba siendo una importante contribución, Lucía Díaz Rodeño (Ferrol, 23 años) dio un salto a nivel personal. Por eso, la experiencia fue de «ayuda mutua», dice. Durante un mes, del 2 de julio al 2 de agosto, la joven ferrolana, estudiante de sexto de Medicina en Valencia a partir del próximo curso, se desplazó a Toucar. Un nombre que suena a Dakar pero que, a 150 kilómetros y con solo 3.000 habitantes, está lejos de ser la capital de Senegal. «Lo que quería era descubrir con mis propios ojos la realidad que se vive en África y poder aportar mi granito de arena, involucrarme todo lo posible en lo que pudiera», relata Lucía, que viajó «sin expectativas». «No llevaba nada pensado de lo que podría descubrir allí. Iba con la mente totalmente abierta, sabiendo que me podría encontrar cualquier cosa», explica. Es decir, fue «sin prejuicios de ningún tipo» y, gracias a ello, se sorprendió «en todos los sentidos». «África te sorprende nada más llegar. No tiene nada que ver con España y Europa. Es increíble», afirma.

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Con la idea de buscar nuevas perspectivas de su futura profesión durante el verano, la ferrolana encontró CC ONG Ayuda al Desarrollo, una oenegé que se adaptaba a lo que quería. El proyecto al que se dedicó en cuerpo y alma fue la limpieza en Toucar de un dispensario, un pequeño centro de salud. Además, también fue importante la aportación de los imprescindibles medicamentos y material sanitario.

Los primeros días se ocupó, por lo tanto, de acondicionar el dispensario y, una vez que quedó preparado, siguió allí ayudando. Siempre con una premisa por delante: enseñar. A utilizar un tensiómetro digital y una máquina para medir la glucosa, a diferenciar un medicamento de otro y, sobre todo, nociones de limpieza e higiene al personal sanitario. «Esa fue la mayor necesidad que detecté», dice. Y también, eso sí, señala que en el ámbito de la asepsia «es muy difícil hacerles cambiar de opinión»: «No paré de repetirles las grandes oportunidades que tiene su país y que deben aprovechar». 

Agua, solo por la mañana

Y les trasladó ese mensaje de ilusión convencida, aún a pesar de que Toucar es un lugar «completamente pobre», porque allí no existen ni las carreteras ni el asfalto; viven en chabolas, sin casas con ladrillo y cemento; hay cortes de luz durante todo el día; solo hay agua por la mañana; y el hospital más cercano está a 20 kilómetros. Las carencias las enumera Lucía, que las vivió en primera persona, como también la otra cara: la teranga, como se denomina a la hospitalidad senegalesa. «Es totalmente cierto que en Senegal te acogen muy bien. Te invitan a comer, a sus casas, y los niños se saben tu nombre desde el primer día, además de querer jugar todo el rato contigo. La gente es lo mejor de allí. Son muy, muy amables», subraya.

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Más allá de la experiencia sanitaria, la estudiante pudo conocer los paraísos naturales con los que cuenta el país africano, como su costa. De hecho, en uno de esos viajes se encontró a otra ferrolana que vive en el continente desde hace años y que, curiosamente, llamó Ferrol a la cabaña en la que duerme. «Cuando lo vi no me lo podía creer», recuerda. Y, con una mochila cargada de sensaciones de haberse sentido útil, ya está pensando en el siguiente verano: «Tengo mucha morriña de África, engancha mucho». 

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