Segundo, el deán


Sería injusto olvidar que entre las personas que más han trabajado, infatigablemente y en silencio, para lograr que la catedral de Santiago haya sido objeto por fin de la magna rehabilitación que aguardaba desde los tiempos de López Ferreiro, el «redescubridor» de la tumba del Apóstol (y también, por cierto, y disculpen que todo el tiempo nos salgan ramas, gran restaurador y defensor del monasterio de Caaveiro), está el deán de la basílica compostelana, Segundo Leonardo Pérez López. Un teólogo e historiador de prestigio en toda Europa que cuando era un joven sacerdote recién llegado de la Universidad Pontificia llevó a cabo una intensa labor en Ferrol, fundamentalmente en dos campos: el de la atención a los desfavorecidos, a través de Cáritas, y el de la cultura. Él fue el primer director de Estudios Mindonienses, publicación diocesana que hoy dirige Ramón Otero y que mantiene intercambios permanentes con instituciones de todo el mundo. ¡Cuánto lo habrá alegrado estos días ver restaurado el Pórtico, cuya rehabilitación, que lo ha hecho resplandecer de nuevo, culminó, simbólicamente, en un acto al que asistió la Reina Sofía! Pero se preguntarán ustedes por qué les hablo de todo esto, que en buena medida sabrían ya. Pues miren: porque me estaba acordando también de lo mucho que trabajó el deán, cuando era aquel joven cura del que les hablaba antes, en el barrio de Caranza, donde tantos amigos tiene, y en el antiguo colegio Los Hexágonos. Siempre le gustó estar cerca de la gente. Como sigue haciendo hoy no solo en Compostela, y en todos los Caminos de Santiago, sino cada vez que vuelve a su parroquia natal, San Pedro do Buriz, en la Terra Chá.

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