Las raíces que echó el Mundobasket en Ferrol

Las selecciones que jugaron en A Malata en julio de 1986 dejaron de recuerdo unos árboles de sus países que siguen en pie en el Cantón


Ferrol

Más allá de dejar un gran recuerdo a todos los que se sentaron en las gradas de A Malata, las selecciones del Mundobasket aportaron a Ferrol un pedazo de sus países. El legado de la Unión Soviética, Israel, Cuba, Australia, Uruguay y Angola echó raíces en el Cantón de Molins, en pleno corazón de la ciudad, en forma de árboles. Cada equipo aportó una especie a la alameda, que desde aquella frenética semana de julio de 1986 permanecen en pie y en perfectas condiciones.

«Era típico dejar un recuerdo en las diferentes sedes y fue una gran idea que en Ferrol fueran árboles», expresa Tomás Blanco, vicepresidente deportivo del OAR y miembro del comité organizador por aquel entonces. El Mundobasket arrancó el 5 de julio, pero las recepciones a las autoridades, por separado, y los diferentes actos de homenaje no arrancaron hasta el 7. A cada uno de los árboles, el Ayuntamiento añadió un monolito de piedra con el nombre del país, la especie y el año tallados, que adquirió por unas cien mil pesetas.

El primer turno fue para Israel, que estuvo representada por el embajador, Samuel Haddad. Acompañado del regidor, Jaime Quintanilla, descubrió la placa conmemorativa bajo un viejo olivo. «Es un árbol sagrado. Es especial verlo aquí en medio de la ciudad, se suelen ver en zonas más centrales de la península», comenta Cristina López, bióloga y educadora del Aula de Ecoloxía Urbana del Cantón. El 7 de julio de 1986, Haddad también obsequió al alcalde con una colección de cuentos sefardíes. En sus declaraciones, lamentó la brevedad de su visita y elogió la hospitalidad de los ferrolanos.

En la jornada siguiente, el 8 de julio, fue el acto de la selección que arrasó en el grupo B, la URSS, que anotó más de cien puntos en cuatro de los cinco partidos. Estuvo el secretario de la embajada en España, Igor Kondrachev, que plantó un abedul con ayuda del concejal Fernando Miramontes. En su intervención agradeció la oportunidad que se le había brindado de visitar «esta pequeña y bonita ciudad habitada por un pueblo trabajador». Asimismo, calificó de perfecta la organización del Mundobasket. En cuanto a los regalos, Kondrachev dejó en Ferrol películas y fotos de su país. 

«Tratamiento fraternal»

Otros dos países, Uruguay y Angola, penúltimo y último del grupo, fueron los agasajados durante el 9 de julio. El embajador uruguayo, Luis Hierro Gambardella, y un representante angoleño, Jaime de Castro Guimaraes, fueron recibidos por Quintanilla y por el edil de Cultura, Eduardo Fra Molinero. Hierro elogió «la hospitalidad y el tratamiento fraternal» de los ferrolanos, mientras De Castro hizo alusión al «calor de la afición» en la única victoria de Angola en el campeonato, frente a Australia.

De recuerdo, los sudamericanos plantaron en el Cantón una acacia, un tipo de árbol que tiene varias especies invasoras. «Antes no se contemplaba ese peligro, pero ahora que hay más estudios, sabemos que hay que tener cuidado con qué especies foráneas metes en un lugar», apunta la educadora del Aula de Ecoloxía. El obsequio de los angoleños fue una yuca, que por su situación es de las más visibles.

El último día de competición, el 10 de julio, fue el turno de Cuba, que estuvo representada por el presidente de la federación, Ruperto Herrera. Los caribeños dejaron en Ferrol una catalpa y, esa misma jornada, el alcalde habló sobre los árboles. «Espero que los árboles plantados por los países participantes en el Mundobasket sirvan de recuerdo perenne del extraordinario evento deportivo que vivió la ciudad», enfatizó Jaime Quintanilla.

Para el 11 quedó el acto de Australia, cuyo embajador en España, Harry Jenkins, dejó una cica, que también luce como una de las especies más originales del Cantón. Así se cerró una plantación que duró cinco días. 

¿Una pareja de canguros?

Tomás Blanco, responsable deportivo del evento, recuerda que cuando pidieron algo que «identificara y perpetuara» el paso de las selecciones, Australia se ofreció a traer una pareja de pequeños canguros, pero no había sitio en Ferrol para ellos. «Les extrañaba que en una población tan grande no hubiera un zoo», dice.

Los árboles han sido conservados durante más de tres décadas sin apenas incidentes. Uno que se recuerda es cuando, en 1994, arrancaron una rama del olivo en Semana Santa. Más allá de esta anécdota, las raíces que echó el Mundobasket están intactas.

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