La importancia


Conviene no olvidar nunca que hay libros (grandes amigos, de papel y de tinta) donde siempre hallaremos refugio en los días de mayores dificultades; que algunos sueños nos permiten entrever, en medio de la noche, el verdadero rostro del futuro, al tiempo que hacen caer las máscaras del pasado; que uno ha de estar mucho más pendiente de lo que por lo general lo está de los amigos auténticamente leales, puesto que de nada sirve lamentarse después, cuando ya es demasiado tarde; que las palabras no suele llevárselas el viento, en contra de lo que sostienen muchos devotos de los refranes; que ser un poco pacientes («paciencia y barajar», recomendaba el padre del Ingenioso Hidalgo) suele dar, en el día a día, buenos resultados; que es aquí, frente al mar de Ferrol, donde Europa comienza -como decía Antonio Tabucchi, que en los ojos llevaba consigo la luz de Lisboa y la de la Toscana-, y no donde Europa acaba; que los caminos que nos conducen a San Andrés de Teixido, a la Terra Chá, a Mondoñedo y a los puertos del norte -a Viveiro, a Burela, a Foz...- atraviesan nuestro propio corazón, y que nunca hay que dejar de transitarlos; que el legado de fotógrafos como Koldo Chamorro nos permite seguir contemplando el mundo a través de su mirada, llena de magias; que la literatura nos ayuda a comprender los mapas (pienso en Pontedeume y en Ramiro Fonte, en Moncho Pernas y en las riberas del Landro, en Fernández Flórez y su Bosque animado, en Basilio Losada y el Camino de Santiago...). Conviene, vaya, no olvidarse jamás de lo importante, y de paso recordar que ya va siendo hora de dedicarle un libro al verdadero viaje de los Reyes Magos.

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