ferrol / la voz

-«¡Mira, mira, un pavo real! ¡Y ahí hay otro! ¡Otro pavo real!».

-Sí, ya los veo.... ¡Qué bonitos son! ¡Cuántos colores!

Los pavos reales del parque Reina Sofía se encuentran en plena época reproductiva y, a media mañana de ayer, las espectaculares colas policromadas de los machos, abiertas en abanico para cortejar a las hembras, causaban admiración entre los alumnos del colegio Isidro Parga Pondal de Oleiros, de visita en el parque para conocer los inventos didácticos de Aquaciencia.

Su alegría y entusiasmo contrastaban con el semblante serio de Salvador Rey, un lucense que suele pasar temporadas en Ferrol -porque aquí vive su hija- y que casi a diario visita el Reina Sofía para pasear a su perrita Luna. «Este parque es una preciosidad, pero es una vergüenza cómo lo tienen. Los jardines están bien, porque todos los días vienen a arreglarlos, pero el mobiliario está destrozado y hay pintadas por todas partes. Es una lástima que la gente que viene de fuera, como esos niños y sus profesoras, se lleven esta imagen», apunta señalando un banco desvencijado, sin tablas y herido por el espray de los grafiteros.

Un rápido recorrido por los senderos del parque municipal confirmaba después que a Salvador no le falta razón. Y un chequeo publicado en estas mismas páginas el pasado octubre acredita que la situación no solo no ha mejorado, sino que incluso ha empeorado en estos últimos meses. La prueba está en el conjunto de bustos de personajes ilustres que rodea el estanque de la famosa fuente Wallace del Reina Sofia. Los pedestales dedicados a Concepción Arenal y Felipe Bello Piñeiro no solo siguen sin sus cabezas -llevan así ya casi tres años, pendientes de que el Concello devuelva las piezas escultóricas a su lugar-, sino que ahora la de Carlos III luce bigote, cruces y hasta un pendiente por obra de un vándalo que firma sus fechorías como Kru.

Además, cuatro de los ocho pedestales que forman el conjunto de esculturas continúan luciendo pintadas, al igual que gran parte de los bancos situados en su entorno, la zona del parque más próxima a la calle Breogán. «Esto está así porque no hay vigilancia ninguna, muchos jóvenes se reúnen para hacer botellón y la policía no viene por aquí ni les dice nada. Yo una vez vi a unos chavales encaramados al pedesteal de Álvarez de Sotomayor y les dije que se bajaran de ahí y la respuesta que me dieron fue: ‘viejales, sigue tu camino que si no te tiramos al estanque», comenta indignado Salvador.

Ana, otra asidua visitante, lamenta especialmente el estado de los bancos. «Fíjate si estarán sucios y en mal estado -apostilla Salvador- que hay gente que se trae toallas o sábanas para sentarse sobre ellos».

El paseo por la zona revela también una fuga de agua en la zona próxima a la pista de baile, «que no veas tú como se llena de moscas cuando hace sol», advierte el cicerone lucense, y ya en el parque didáctico Aquaciencia, alguna que otra desilusión: el transbordador sigue sin funcionar en el estanque central, que está seco, y algunos de los inventos se encuentran inoperativos, como el ariete.

Fuentes del gobierno de Suárez lamentaron ayer estos daños causados por los vándalos y se comprometieron a arreglar todas las averías y desperfectos «lo antes posible», con cargo a los presupuestos del 2018. Lo mismo anunciaron en octubre pasado con respecto a las estatuas y bancos destrozados, pero Bello Piñeiro y Concepción Arenal siguen sin aparecer por el parque, sus compañeros continúan rodeados de pintadas... Y a Carlos III le ha salido bigote.

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El Reina Sofía, sumido en el abandono