Cuando uno llega nuevo a Ferrol...


Una amiga de toda la vida se ha venido a Ferrol a trabajar -para que luego digan que Ferrolterra no crea puestos de trabajo-. Apenas conocía la ciudad -reside en Santiago- salvo por un par de ocasiones de visita, así que en mi cometido de anfitriona, he intentado aportarle información útil para sobrellevar la primera semana en una ciudad desconocida. Aunque al final la realidad es la que es, y pronto, ella solita, se ha ido dado cuenta de las carencias que tiene la urbe.

La primera, las precarias comunicaciones. El coche de mi amiga se estropea solo dos días antes de empezar en el nuevo trabajo, y ante esta circunstancia se dispone a mirar horarios de trenes y autobuses. Y la realidad es que la única opción que tiene es coger un autobús el día anterior por la noche desde Santiago a Ferrol, dormir en la urbe naval y coger el transporte urbano para llegar a su puesto de trabajo a primera hora de la mañana. Pero el dichoso bus que debe coger en el Callao no pone cartel alguno y lo pierde. Al final, el taxi se convierte en la mejor opción.

La segunda carencia, el aparcamiento. Mi amiga sale de trabajar a media mañana y acordamos vernos en el centro, en las inmediaciones de la plaza del Callao. Ella, a la que no le gusta conducir y menos en una ciudad desconocida, me pregunta que dónde puede aparcar en esa zona, que no requiera estar dando muchas vueltas. Mi respuesta es clara: el aparcamiento subterráneo de pago. A media mañana, encontrar una plaza de estacionamiento en el centro es misión imposible.

Pero también ha descubierto ella solita los puntos fuertes de Ferrol, como por ejemplo la posibilidad de ir andando a todas partes, incluido al trabajo, aunque no esté ubicado en el centro de la urbe. O que mi respuesta ante la pregunta: ¿Aquí puedo pasear por cualquier lado? [en referencia a si hay zonas peligrosas], sea: «Sí, no hay problema». Salvo excepciones, es una ciudad segura.

Ahora que el gobierno local ha anunciado que reparará, por enésima vez, el ascensor de la Cuesta de Mella y la zona acristalada de los jardines de Herrera, ya puedo recomendar a mi amiga que pasee por esta zona, en la que se puede disfrutar de una vista de la muralla del Arsenal, en primer término, y el mar de fondo.

Le diría que entrase dentro del parque Reina Sofía, pero es probable que los juegos de Aquaciencia se encuentren medio desvencijados, como de costumbre, o que recorriese el paseo marítimo de Doniños, aunque el estado del mobiliario urbano es lamentable a apenas unos días del verano.

Así todo, pese a la dejadez de las administraciones sobre el mantenimiento de la ciudad, hay bellezas que no se pueden afear. Y de esas Ferrol tiene bastantes.

Por Antía Urgorri CIUDADANA

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