Las cuentas de la legislatura


En el salón del castillo de los pirulitos se respira felicidad. Los 25 concejales departamentales deben estar como en una nube virtual, en una ciudad futurista, en el paraíso 4.0. Por fin, se alegran, hemos sido capaces de aprobar los presupuestos municipales. Ya estamos en una ciudad de primera, con sus cuentas aprobadas y una ilusión enorme por hacer en unos meses todos los trabajos de una legislatura. Es verdad que en cualquier municipio la primera y más importante obligación de su corporación es aprobar los presupuestos cada año, pero Ferrol es diferente, ya se sabe. Aquí las disputas partidistas, los enfrentamientos personales y las trifulcas ideológicas consumen buena parte de las energías de los miembros de la corporación. No queda espacio para el acuerdo, obviamente, y cuando se produce…¡la alegría es infinita!, los políticos sonríen y se saludan y hasta parece que el palacio municipal levita, si me permiten el trasunto de Torrente Ballester con su Castroforte del Baralla en La saga/fuga de JB.

El día anterior al pleno de los presupuestos el alcalde Jorge Suárez había asistido a la tertulia que habitualmente organiza el Club de Prensa en el Parador de Turismo. Suárez es ya un tertuliano habitual; es la tercera vez que se presenta sin guion y a pecho descubierto en ese foro. A veces le cuesta reconocerse en su papel de alcalde, de identificarse como un activista reconvertido temporalmente en político o como un tertuliano de tropa y marinería, tal que el resto de concurrentes.

El caso es que, en uno de esos papeles -no recuerdo cual, ustedes me disculparán-, Jorge Suárez dictó la sentencia del año y de toda la legislatura: «Ferrol necesita un salto de calidad en su clase política». Y la redondeó con explicaciones como que en estos años hubo más defensa de marcas (siglas partidistas) que defensa de la ciudad, que se preocuparon más por los ideales que representa cada partido que por solucionar los problemas ciudadanos, y algunas más por el estilo.

El salto cualitativo se produjo al día siguiente. Un salto pequeñito que hizo que un gesto ordinario, normal, como es el de dialogar y llegar a acuerdos para poder contar con las cuentas municipales, se viviese como algo extraordinario. Pero una mejora, al fin y al cabo, conseguida también gracias al voto de calidad (¡y dale con la calidad!) del propio alcalde.

Ferrol presenta ahora unas cuentas de 69 millones de euros, con una partida de inversiones de 6,9 millones para una población de 69 mil vecinos. Menuda puntería tuvieron en la plaza de Armas para afinar así las cuentas y cuadrarlas con el padrón de habitantes. Una precisión exquisita, de matemática financiera de alta calidad.

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