«Aquí nadie se siente forastero»

Diferentes razas, religiones y hasta treinta nacionalidades confluyen en las clases de español para extranjeros que imparte la asociación Goethe en la Escola de Idiomas


ferrol / la voz

Si la Torre de Babel que pinta la Biblia en sus páginas era un rascacielos de discordia y confusión, la que ha levantado peldaño a peldaño la asociación Goethe en la Escola de Idiomas de Ferrol se ha convertido en un auténtico vehículo de integración social. Hace ya dos cursos académicos que los voluntarios de esta agrupación cultural tuvieron la feliz idea de empezar a impartir clases de español para extranjeros de forma totalmente altruista en el centro de la calle Real. Y su iniciativa tuvo tanto éxito que lo que comenzó como un aula con apenas diez personas se ha convertido en un programa que cuenta ya con 62 alumnos de treinta nacionalidades de los cinco continentes. «El boca a boca ha hecho mucho y los inmigrantes que llegan a la ciudad ya saben que aquí van a poder aprender español, pero también conocer gente y hacer amigos», advierte satisfecha la presidenta de Goethe, Lucía Saavedra.

La frase sale de su boca poco antes de que Manuel Yáñez, otro de los voluntarios de las asociación, comience una de las clases de español para extranjeros que se celebran en la Escola de Idiomas todos los martes y viernes del curso. «Aquí nadie se siente forastero, al revés, todo el mundo se siente arropado y el respeto es un elemento fundamental; en estas aulas hay alumnos judíos, musulmanes y cristianos conviviendo sin ningún problema, apoyándose mutuamente., y eso es algo muy bonito», dice este librero ya jubilado y reconvertido en profesor con el único ánimo de echar una mano a los extranjeros que llegan a la ciudad perdidos y en ocasiones sin saber ni palabra de español.

En la clase de hoy le acompaña un grupo de alumnos variopinto, que refleja bien el perfil heterogéneo de los estudiantes del programa. Y es que a las clases de español para extranjeros de Goethe acuden muchos inmigrantes que llegan a la ciudad en busca de un porvenir, pero también estudiantes Erasmus o profesionales que están en Ferrol para trabajar en Navantia o en otras empresas de la zona solo por una temporada.

Jack, por ejemplo, aterrizó en la urbe naval el pasado mes de octubre para dar clases de inglés en una academia de idiomas. «Cuando llegué no hablaba nada de español y ahora ya me manejo bastante bien. Aquí me ayudaron mucho», cuenta con una sonrisa este británico de Leicester. Cerca de él, Yuan, de China, explica que gracias a las clases de Goethe por fin se soltó con el castellano, un idioma que ya entendía, pero que no se atrevía a hablar. Y Alexandra, de Estados Unidos y lectora de inglés en el instituto Sofía Casanova, anota que ella sí lo hablaba, pero necesitaba «perfeccionar la gramática».

Como ellos, Sophie, de Austria -auxiliar de alemán en la Escola de Idiomas-, agradece el empeño de los voluntarios de Goethe por hacerlos sentir como en casa en una tierra que no es la suya, algo que también extrapola al resto de la ciudad. «Por regla general, la gente de Ferrol me parece mucho más amable con los extranjeros que la de Viena», comenta agradecida, aunque Manuel Yáñez no comparte del todo su opinión. «Puede que aquí no haya los problemas de xenofobia y racismo que se dan en otras ciudades más grandes, pero la verdad es que desde la asociación hemos pedido ayuda a gente de Ferrol para que colabore desinteresadamente en esta iniciativa y no hemos obtenido mucha respuesta», comenta el voluntario de Goethe.

Donde sí ha encontrado respaldo el programa de la asociación es en el equipo directivo de la Escola de Idiomas, que siempre se ha prestado a colaborar cediendo las aulas para la clases. Además, Elena de Pablo, una de las profesoras del centro, también ayuda coordinando las sesiones de los viernes, dedicadas a conversación. Y Virginia Fernández, la bibliotecaria, ha creado este curso una nueva sección de libros en español para extranjeros. «No es por echarles flores, pero la asociación funciona tan bien que no podíamos negarnos a colaborar», advierte De Pablo.

EN CORTO

Altruista. El programa de español para extranjeros de la EOI funciona gracias a veinte voluntarios de la asociación Goethe, que dan las clases de forma altruista.

En aumento. El programa finalizó el curso pasado con 30 alumnos. A día de hoy cuenta ya con 62.

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