Perros militares sin miedo a nada

La sección canina es una pieza clave en el Tercio del Norte, donde se preparan hasta para el terrorismo yihadista


FERROL / LA VOZ

No todo son personas en el Tercio del Norte de Infantería de Marina, aunque como si lo fueran. Cuando un extraño se acerca a cien metros de las perreras del cuartel de Dolores, los ladridos empiezan a aumentar de volumen. No son superdotados, pero los canes de la Unidad Cinológica están sobradamente preparados. Son perros especializados en detección de drogas, en detección de explosivos o en seguridad y combate, según para lo que hayan sido formados. «No vale cualquiera para trabajar en las Fuerzas Armadas», deja claro el brigada Enrique Meizoso, jefe de la sección, mientras Iván, su pastor alemán, lo observa. «Son elegidos. Igual que nosotros no podemos ser todos Usain Bolt o competir en los Juegos Olímpicos, con ellos ocurre lo mismo», expresa el cabo Juan Santiago, con Pepa a sus pies.

En Ferrol hay quince equipos cinológicos, formados por guía y un perro, distribuidos en las citadas especialidades. El dúo es irrompible desde que se conocen. La mayoría de estos animales son escogidos de cachorros en el Centro Militar Canino de la Defensa, en Madrid. Después de un año, el infante de Marina viaja hasta allí y le asignan uno, con el que realiza un curso los siguientes seis meses. A continuación, se incorpora a la unidad. «Sales con las nociones básicas, cogidas con pinzas, y cuando llegas a tu destino es cuando empiezas a desarrollar realmente el trabajo», relata Jorge Bances, que en su caso tiene a su cargo a Luciano (Lux) y a Barón. El vínculo «cuesta cogerlo», asegura, pero luego no hay quién los separe.

¿Cómo aprenden tantas cosas? «El secreto de todo esto es la constancia. La reiteración del mismo ejercicio una y mil veces», comentan. Y el perro pone de su parte: «No puede tener miedo a las alturas, al agua y a ningún tipo de suelo. Por eso tienen adiestramientos en la playa, las rocas, los buques...». De hecho, van en helicópteros, de los que bajan atados a sus guías, y son capaces de subir las escalas de los barcos. Al integrarse en todo tipo de misiones, están listos para lo que les venga.

Los especialistas en explosivos, están hasta preparados para el terrorismo yihadista. «Nos basamos en las misiones internacionales de la actualidad», comenta el cabo Manuel Corpas, que guía a Disny. Como hay tantos tipos de explosivos, tienen que estar continuamente reciclándose. El TATP que estuvo a punto de usarse en los atentados de Barcelona es volátil y no pueden tenerlo en Ferrol, pero el perro acude a Madrid para conocerlo y asociarse a él.

Y al final, todo lo hacen para contentar a su guía. «Ellos obedecen por que quieren satisfacer a su guía. El perro no busca drogas o explosivos, busca llegar a su premio», explica Meizoso. La recompensa es el juguete -cada guía lleva uno en su bolsillo-, comida o una caricia. Simplemente eso. Al final, pasan horas y horas al día juntos y «se hacen de querer». «Es como una relación de pareja», asegura Corpas. Y por ello, cuando termina su servicio, normalmente sobre los 8 años, algunos hasta se lo quedan como mascota. «El perro no es un fusil, tiene sentimientos y es un militar más», dejan claro.

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