Un colegio ejemplo de integración

El CEIP Recimil se implica «al máximo», aunque las matriculaciones no acompañan


Ferrol

Al traspasar la puerta principal del CEIP Recimil, desborda la energía. Son las once y media, hora del recreo de primaria, y en el patio los niños no paran de corretear. No importa lo que ocurra fuera ni las diferencias sociales, porque allí dentro todos son iguales. «Esto es un oasis de tranquilidad, felicidad y compañerismo dentro del barrio. Los niños se tratan estupendamente entre ellos», expresa Genoveva Valeiro Solsona, Geno, la jefa de estudios. «La situación en el colegio no tiene nada que ver con la de fuera», subraya María Victoria Suárez Taibo, Vivi, que cumple su séptimo curso como directora. La implicación de los docentes, un total de 28 -en total trabajan 32 personas-, es «máxima». «Para que esto funcione, en un lugar con una diversidad tan grande, tiene que haber una unión muy fuerte, para que los niños estén bien atendidos», agrega la responsable del centro.

Sin embargo, las matriculaciones han caído en picado. Vivi recuerda que cuando entró había 430 y pico alumnos. Este curso son 253. Y para el siguiente solo hay diez peticiones. «La bajada es gigantesca e incluso esperaba menos solicitudes para el próximo año», comenta. Es un problema generalizado en Ferrol, por la escasa natalidad, pero al que aquí se le añade un cariz diferente. «Estamos en un lugar muy conflictivo. Las familias de la zona que tienen la posibilidad de escolarizar a sus hijos en otros colegios no solicitan este. Principalmente, tienen miedo por lo que ven día a día en la prensa, por esa violencia en el exterior que, aunque es puntual, existe y es verdad», explica Vivi.

«Desconocen nuestra labor»

Eso sí, en muchas ocasiones, aducen, el interés de los padres se queda de puertas hacia fuera. «El colegio está abierto a todos. Nos gusta que lo vengan a conocer y contar cómo se trabaja, porque nuestra labor es bastante desconocida y muchas veces solo existe la idea de lo que ocurre en el barrio», señala. «Es un sitio idóneo, sobre todo si quieres que tu hijo crezca en un ambiente de completa solidaridad y diversidad», agrega Geno, cuyos hijos pasaron por el centro, como los de Vivi.

«Muchos pequeños nos comentan que están deseando venir al colegio y, en realidad, es dónde más tiempo pasan durante la semana», destaca la jefa de estudios, quien añade que, por la situación de muchos menores, en este centro el profesorado tiene las pilas «todavía más cargadas». Lo único, critica Vivi, es que «hay una dejadez de todos los ámbitos políticos respecto al barrio», principalmente en el ámbito de los servicios sociales. «Los niños están desatendidos y nos estamos convirtiendo, a veces, en una institución social. Los padres nos preguntan a nosotros qué pueden hacer», asegura la directora. «El problema es que muchos de ellos aprenden aquí, pero cuando llegan las tardes, los fines de semana o las vacaciones, desaprenden fuera. Vuelven y hay que reiniciar todo», resume Geno.

La tutoría entre iguales y la robótica, dos de los proyectos con mejor recorrido

En el colegio también se ve nada más entrar que sobran proyectos para hacer ameno el día a día. Uno de los más exitosos, iniciado hace dos años, es el de tutoría entre iguales (TEI), que también existe en otros muchos centros, pero que en este caso es especial. «Lo hemos notado muchísimo», dice la jefa de estudios. Además de la multitud de herramientas para que no surja el bullying, en el Recimil, las tutorías se convierten en los espacios donde los pequeños cuentan sus preocupaciones. «Cualquier cosa que les pase, sea de aquí o de fuera, la escuchamos», comentan.

Por otro lado, la dos encargadas también valoran positivamente el giro que la robótica y la programación han dado a la escuela. Antes estaba dirigida a los alumnos más destacados, pero ahora es «para todos por igual» de cuarto, quinto y sexto de primaria. «Para ellos es un aliciente ponerlos en contacto con ámbitos que podrían parecer para niños con más capacidades. Se han dado cuenta de que sí, de que lo pueden hacer y no hay problema», destaca Geno. De hecho, fue el único colegio de Ferrol en la última First Lego League.

«Es muy satisfactorio para nosotros ver que algunos niños fuera tienen una situación muy complicada y, sin embargo aquí están bien, están felices», destaca también la jefa de estudios. «Como estamos trabajando constantemente sobre la integración, la tenemos tan presente que en cualquier sitio al que vamos recibimos felicitaciones por el comportamiento», concluye.

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