El mercadillo de Recimil, a menos y con poca seguridad

El Concello sigue sin colocar las patrullas a pie en las jornadas con más acumulación de gente en las calles de las casas baratas


Ferrol

Arrecia la lluvia en las casas baratas. Es miércoles, pero a las once de la mañana apenas hay puestos montados. La meteorología afecta directamente a los vendedores, a los que bastante les llega con sacar un pequeño beneficio. Al igual que los lunes, las calles Valdoviño, Mugardos y Pontedeume ganan vida con respecto a los demás días. Unas ocho horas, en total, en las que Recimil recibe a vecinos de otras partes de la ciudad. Allí, bajo los toldos, se vende sobre todo textil, aunque también hay hueco para menaje, joyas, alimentación o algún producto electrónico. Aunque para poco dan: cada vez se vende menos. Y no solo es este el problema, sino que la inseguridad ha ido en crecimiento, sin reacción por parte del Concello, que no coloca una patrulla a pie.

«A este mercado le afecta la crisis general de Ferrol, pero sobre todo el mal ambiente, porque no hay seguridad. Siempre hay problemas. Si la gente sabe que va a estar tranquila, viene; si no, no», señala Fallou Seye, que hace cinco meses ya denunció esto mismo a La Voz y dice que desde entonces «no cambió nada». Este senegalés de Covas lleva ocho años en el feirón y asegura que todo está «más bajo que nunca».

Aunque no faltan ocasiones en las que hay algún rifirrafe, que normalmente es entre los vendedores, lo cierto es que entre los puestos se puede caminar con tranquilidad. «¡Feliz día de la lluvia!», se le escucha decir a Javi, mientras su pareja, María, vende paraguas. «Esto va fatal. La gente mira mucho, pero no hay dinero», explica él, con dos décadas de experiencia viajando desde A Coruña. «No nos queda otra que ponernos, pero sí que es cierto que mucha gente lo ha dejado. Aquí, por ejemplo, se nota mucho cuando no hay gente en el astillero», agrega. De la misma forma lo ve Juan Vázquez, vecino de Caranza. «Cada vez vendemos menos en general, pero aquí afecta más. Miran mucho y gastan poco», confirma.

Es un veterano, al igual que Maricarmen Fernández y su hijo Augusto Felipe. «Se saca para ir viviendo, pero entre pagar la cuota de autónomos, el puesto, el seguro o la mercancía, queda lo justo», apunta él, que lleva un par de años. «Y por el tiempo acabamos montando la mitad de días en invierno», agrega. Su madre, sobre la inseguridad, dice que el nerviosismo nace sobre todo de la demanda de sitios. «Yo procuro alejarme de todos los conflictos», deja claro. En el feirón, en definitiva, apenas hay notas positivas.

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