30.000 fotos para tres minutos de Ferrol

El creador ferrolano Dani Fuentes estuvo siete meses para hacer un vídeo que han visto miles de personas

DANI FUENTES

Ferrol

El Ayuntamiento de Ferrol, las calles de A Magdalena, las plazas de Armas, Amboage y España, el parque Reina Sofía y el Cantón de Molins. El muelle, las ensenadas de A Malata y Caranza, el paseo de A Cabana, el castillo de San Felipe y el puerto exterior. Los cabos Prior y Prioriño, los miradores de Monte Ventoso y las islas Gabeiras, las playas de Doniños, Lumeboo, Esmelle, A Fragata, O Vilar, Santa Comba y Ponzos, sin olvidar los acantilados y pinares que las rodean. No falta de nada en el vídeo de Daniel Fuentes Sobrín (Serantes, Ferrol, 36 años) que se está llevando cientos de halagos.

Son 3 minutos y 10 segundos, pero es imposible que concentren más información de Ferrol. Para realizar el vídeo, el creador disparó unas 100.000 veces su cámara, de las que al final seleccionaó las 30.000 fotografías que lo componen, puestas una detrás de la otra. Usó las técnicas del timelapse y del hyperlapse. La primera se basa en sacar muchas imágenes sin moverse del sitio, durante mucho tiempo, mientras la segunda es lo mismo pero con un leve movimiento. Así, durante siete meses y con paciencia de sobra, reunió unos 600 gigabytes de rincones del municipio.

Todo empezó en agosto del año pasado, cuando Dani se encontraba disparando en el mirador de las islas Gabeiras, uno de sus escenarios favoritos. «Se quedó una tarde increíble, con eclipse, y ahí me planteé en serio el proyecto», recuerda. Ya había hecho otros vídeos, que se pueden ver en su canal, pero este, al ser de su ciudad, sabía que sería especial. «Empecé a acumular fotos que me parecían interesantes y las quise juntar en un vídeo», señala, aunque estaba pensado para que lo vieran «unos pocos» y no se esperaba, ni mucho menos, «que se extendiera tanto».

Así que empezó a ir «por aquí y por allá, por el centro y por las afueras», siempre acompañado de su cámara «china» -la define-, una Yi de Xiaomi, y un estabilizador de Zhiyun, que ayuda a que el dispositivo vaya siempre recto. «Me costó todo menos que una GoPro», comenta el ferrolano. El proceso fue ir al lugar e ir sacando fotos mientras se movía muy poco a poco, durante las horas que hiciera falta. Siempre en un momento en el que no hubiera gente ni coches, o los menos posibles, para que no enrareciesen la sensación de desplazamiento. Además, en los instantes de luz más idóneos. De hecho, en una de sus últimas tomas, la del espigón de Caranza, encontró una sombra suya que no le gustó y tuvo que volver. 

El centro, lo más complicado

«El centro es dónde más vergüenza me daba trabajar. Porque en las playas estaba prácticamente solo con mi novia y con mi perra. Ir por el medio de la gente me daba algo más de cosa», desvela Dani. Precisamente, el casco histórico fue el espacio más enrevesado, «por la gente, las luces, las sombras...». «Veía lo que había hecho -continúa- y no me gustaba, me costó escoger los mejores momentos, en los que no me cruzase con nadie». De hecho, le gustaría haber hecho algún plano desde las calles verticales, las de bajada, pero al no ser peatonales siempre se encontraba algún vehículo. En otro caso, el de las Meninas de Canido, hizo un buen saco de fotos, pero no le gustó cómo las había sacado. «Hay bastante historia detrás de esto», resume.

Lo que sí, en cuanto a la selección de escenarios, deja claro que «no hay nada que esté fuera de los términos municipales del concello»: «Pensé: “A ver si me va a venir alguien a decir que eso no es Ferrol”. Por eso fui concreto». Entre otros lugares que le cautivan están la playa de Santa Comba o el mirador de Monte Ventoso. «Vi la posibilidad de enseñar todo en muy poco tiempo y al final me di cuenta que incluso se hace corto lo que sale, de todo lo que tenemos aquí», valora. 

Dos meses sin ver la luz

Después del trabajo fotográfico, tocó darle forma en el ordenador. Es decir, llevar a cabo la labor oscura del montaje que muchas veces no se valora y que es, quizás, la más complicada. «En los dos últimos meses no vi la luz del día», asegura Dani. También tuvo que elegir la música, para la que se considera «bastante pejiguero». «Suelo buscar la que mejor encaje, aunque siempre hay que andar con cuidad por los derechos de autor», explica. Finalmente eligió Say the word, un tema de una plataforma gratuita.

Al acabar, lo subió a Youtube, donde ya ha superado las 5.300 visualizaciones en unos días. «Lleva bastante tiempo, pero me gusta mucho. Te pasas unas cuantas tardes haciendo fotos y luego tiene mucha gracia montarlo todo», dice el creador ferrolano.

La afición le viene de su padre, que le dejó mucho material y, aunque tiene estudios de otros sectores, le gustaría dedicarse a esto. Ahora está en el paro, pero la firma de las cámaras ha visto sus vídeos y ya le envió un dispositivo de regalo. Además, ha dado más de un tutorial. «Me gustaría dedicarme a algo así profesionalmente, hacia ahí estoy apuntando. Que ocurra o no, ya se verá. Tengo muchas cosas en mente. Si esto va yendo más o menos bien, no me cierro a nada», concluye Dani.

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