¿Sabes que un gallego construyó un submarino a finales del siglo XIX?

El sadense Antonio Sanjurjo tardó ocho semanas en fabricar un sumergible, que tenía forma de cruz, en el año 1898


En un artículo anterior hablamos de Monturiol como inventor de un submarino español. Es muy probable que si preguntamos por otros inventores nos citen a Isaac Peral o Cosme García. Pero seguramente casi nadie diga el nombre de Antonio Sanjurjo.

Este empresario gallego nació en Sada en 1837. Después de emigrar a Cuba, montó unos talleres en Vigo para reparar máquinas y calderas de barcos y fábricas. Con el tiempo se ganó el nombre de «habilidades», por su capacidad de trabajo y creación. Fue ejemplo de persona trabajadora, imaginativa y honesta.

En 1878 conoció a Julio Verne, quien había recalado en Vigo para reparar su yate. Sanjurjo le comentó el sueño de construir un submarino para extraer los tesoros de los galeones hundidos en Rande. Su amistad perduró con los años y tuvo gran influencia en su vida. Dedicó mucho tiempo a su invento, y cuando estalló la guerra contra Estados Unidos, Sanjurjo quiso contribuir con sus bienes y su conocimiento. 

Dos inmersiones

Así, en 1898 construyó un submarino en ocho semanas para poner cargas explosivas por si los barcos norteamericanos decidieran acercarse a las costas gallegas. En agosto de ese año, autoridades y cientos de personas presenciaron las pruebas oficiales. Efectuó dos inmersiones, navegando a siete metros de profundidad y llegando a dos nudos de velocidad. Al salir a superficie, Sanjurjo asomó por la escotilla desplegando las banderas de Vigo y de España.

El sumergible, con forma de cruz, parecía un tronco vertical atravesado por un lápiz gigante. Tenía 5,20 metros de largo y 3,75 de puntal. Se propulsaba manualmente por el movimiento de unos engranajes que hacían girar la hélice, ubicada en proa. La dotación la componían tres personas y podía permanecer bajo el agua durante cinco horas. Disponía de un tanque de lastre para la inmersión y unos cilindros que eran botellas de aire comprimido para soplar lastre y salir a superficie. Una pequeña lámpara aportaba el alumbrado interior. Dos minas de contacto componían su armamento, ideadas para producir daños al acercarse al buque enemigo. 

Cariño y trabajo

Las pruebas de fuego no llegaron a realizarse, ya que como la guerra acabó pronto, el submarino dejó de ser necesario. Pero el cariño que le tenía su dueño, y el tiempo y trabajo que le había dedicado, hicieron que presidiera los talleres hasta su muerte. El submarino Portaminas Sanjurjo está expuesto en el Museo del Mar de Galicia en Vigo, perfectamente conservado. 

Ven al Museo Naval de Ferrol y podrás conocer aspectos relacionados con el tema.

Museo Naval (abierto de martes a viernes, de 09.30 a 13.30 h; sábados, domingos y festivos, de 10.30 a 13.30 horas. Más información en la web del museo http://armada.mde.es/museonavalferrol y visitas guiadas en el correo museonavalferrol@fn.mde.es

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