«Se saca más invitando a una copa que con veinte horas de investigación»

Juan o Neo, como lo llaman sus compañeros, lleva una década en las calles: «Hemos destapado muchas infidelidades». Es el único detective privado de la zona de Ferrol


Ferrol

En sus primeros pasos como detective, su jefe le mandó a un local que define como «muy underground». Allí se ejercía la prostitución, se vendía droga y un mes antes habían acuchillado a una persona. «Un sitio encantador, sobre todo para un novato como era yo», bromea. A pesar de que se acercó al sitio entre nervios, se le fueron una vez cruzó el umbral de la puerta. «Ahí, nada más haber acabado los estudios, es cuando se ve si tienes madera para esto». Así que entró, cayó bien entre sus objetivos, soltaron un buen saco de información válida y su jefe, al volver, le dio una palmada en la espalda. ¿Cómo lo hizo? Con una técnica bien sencilla. «Siempre digo que se saca más información invitando a un cigarro y a una copa que con veinte horas de investigación y seguimiento», apunta. Juan, Neo para sus compañeros de profesión, es el único detective privado -al menos con licencia- en la zona de Ferrol, con despacho en la calle Galiano.

Como no estaba convencido sobre qué hacer, después de pasar por un par de carreras, acabó estudiando para esta especialidad, como le aconsejó también su suegra. Aprendió durante un año en una empresa en Santiago y dio el salto a Ferrol, donde nació y lleva una década ejerciendo. «Vi que era una plaza que nunca había sido cogida y luego con el tiempo me fui dando cuenta del porqué», desvela. En la urbe naval «hay más exigencia a nivel judicial», detalla. «Por ejemplo, en las bajas laborales fraudulentas tienes que tener una batería de pruebas muy buenas, porque se protege mucho al trabajador en los juzgados», agrega. En realidad, no se desvía mucho de la dificultad que entraña Galicia en general, por su «población atomizada». «Son núcleos de población pequeños, zonas muy rurales en las que todos se conocen y no pasas desapercibido. Además, el gallego es muy observador y desconfiado. Entonces, hay que tomar muchas precauciones», asegura, y reitera que «los vecinos son el mayor problema para una investigación». Mientras tanto, en ciudades como Madrid «puedes ir pegado a cualquiera que casi nadie se da cuenta».

Todos los casos empiezan normalmente con una llamada que llega a su móvil. «Los clientes son personas que se encuentran en una situación muy excepcional y que no tienen otra forma de salir de ahí. Solemos ser el último bastión», explica. De hecho, como supone un desembolso económico importante, muchos optan por hacerlo ellos previamente, con malos resultados habitualmente. En número de peticiones, en Ferrol los particulares «ganan de goleada» a la empresas.

Pensiones y custodias

En la comarca le llegan especialmente peticiones para que aporte un informe en algún proceso judicial que esté en curso, normalmente relacionado con pagos de pensiones en parejas o custodia de menores. Además, las compañías recurren a él para investigar bajas laborales. Aunque, para «clásico», la investigación conyugal, es decir, de las infidelidades. «Hay mucha paridad en las peticiones, aunque hay una diferencia: hay más casos entre los hombres que ya lo han intentado antes por su cuenta», comenta Juan. Normalmente investiga matrimonios consolidados, en los que una de las dos partes desconfía. «Nosotros hemos destapado muchas infidelidades y está claro que la única prueba que le deja tranquilo al cliente es que su pareja sea infiel, porque si no lo es, y a veces no lo es, siempre le queda la duda», expresa. Ese ámbito es «todo un mundo», cada caso diferente al anterior y sin un patrón común. No obstante, la experiencia suma. «Después de tantos años, ya solo por la actitud de la persona a investigar nos damos cuenta si hay tema o no», subraya. Entre otros ámbitos, cada vez más padres mandan investigar la actitud o las malas amistades sus hijos.

A Neo apenas le basta con su «kit básico», un coche y una cámara de vídeo, para destapar los casos y sacar a relucir su vocación. «Aunque, por mucho que llame la atención, la profesión es mucho menos romántica de lo que vemos en la televisión y en el cine», deja claro.

«Una vez tuve una pistola en el pecho»

Juan no considera su profesión especialmente peligrosa. Sin embargo, tiene grabado en la memoria el día que tuvo un arma de fuego delante de sus ojos. «Una vez me pusieron una pistola en el pecho», recuerda, aunque sin muchas ganas de rememorarlo. Se juntó con una gente algo susceptible, se subió a un coche y, en un momento determinado, ellos desconfiaron y quisieron hacerse respetar con el arma. «Afortunadamente, todo acabó bien, pero después de ese día me compré el chaleco antibalas», dice. Esa fue una de las pocas veces en las que el narcotráfico se cruzó, sin quererlo, en su camino.

«Este oficio desgasta mucho a nivel personal y familiar. No hay horarios y no hay estabilidad. Pasas muchas horas sin comer, beber o ir al servicio. Estás como un francotirador, ocho o nueve horas esperando para sacar un vídeo de quince segundos, que es la prueba», relata el ferrolano. Por eso cree que «hay que valer» y «tiene que gustar pasar momentos de tensión y estrés», porque la profesión «quema». «La mayoría de mis compañeros dejaron de ejercer», apunta.

También la familia -él está casado y con hijos- tiene que valer. «Casarse con un detective tiene que ser también algo muy vocacional. La mujer o el marido de los detectives tienen que valer para ella. A veces vas a locales en los que a más de una pareja no le haría gracia que estuvieras», explica. No obstante, el oficio le aporta más en el apartado positivo. «Para mí no hay mayor recompensa que ayudar a la gente y alguna vez he llegado a hacerlo gratis. Recuerdo un caso de una persona a la que si yo no le llego a echar una mano, quizás abro el periódico al día siguiente y leo que lo han encontrado colgado en un pino. Ahora es amigo mío y nos vemos de vez en cuando». Historias no le faltan.

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