La primera trasplantada de riñón de Galicia encara su cuarta operación

Eva Veiga, que vive en A Gándara, recibió el primer órgano a los diez años. Hoy contará su experiencia en el centro cívico de Canido a las 18.00 horas

I. valerio
Ferrol

Eva Veiga recibió el primer trasplante cuando tenía diez años. Corrían los años 80 y el suyo el primero en Galicia que se hacía de un donante vivo, su hermana, que entonces contaba con 24 años. Ahora está a la espera del cuarto y cuando se le pregunta por sus sentimientos asegura que aguarda «con tranquilidade» y sin miedo. Ella encarna el testimonio de todas las fases y padecimientos -no solo físicos- de los enfermos renales. Junto a tres compañeros los relataron ayer en el programa matinal de Radio Voz.

Igual que muchos otros enfermos para Eva estudiar o tener un trabajo estable es algo casi imposible, debido a las recaídas tras los rechazos, a los que suceden nuevas etapas en las que debe realizar hemodiálisis. «Estiven oito anos co órgano da miña irmá, despois once anos en diálise, ata os 28. Así que nunca puiden traballar», relató esta vecina de A Gándara.

Concienciación

Cuando cuenta su historia Eva tiene a menudo que convencer a los que la escuchan de que en los años 80 ya se practicaban trasplantes: «Todos pensan que inda non os había», explicó para recordar la importancia de donar. Algo en lo que insistieron sus compañeros de la entidad Alcer, que reclaman que los enfermos del riñón tengan acceso a minusvalías que les den ventajas en el mundo laboral. Algo que explicarán hoy en una charla en el centro cívico de Canido (18.00 horas).

«Los enfermos cobran pensiones de 365 euros, si ganan algo se lo retraen»

B. abelairas/ I. valerio

Los representantes de Alcer cuentan los problemas de los pacientes renales

 

Rafael Rodríguez, presidente de Alcer (la Asociación para la Lucha Contra las Enfermedades del Riñón), también recibió un órgano hace 25 años y está volcado en dar a conocer la situación de precariedad económica en la que se encuentran los afectados por estas dolencias. «Los enfermos cobran pensiones de 365 euros, si ganan algo se lo retraen de este pago, y normalmente no aguantan una jornada completa».

Julia Redondo lleva diez años con un riñón que le permite salvarse de acudir cada semana a tres sesiones de hemodiálisis. Solo por esas citas la vida del enfermo ya es casi incompatible con un trabajo o hacerse cargo de la propia familia. «Sufrir un trasplante rompe la situación familiar de las mujeres, pasan de cuidadoras o de trabajadoras a tener que recibir cuidados sin apoyos», alertó.

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