Un Rubicón entre dos barrios ferrolanos

Cada vez menos vecinos se atreven a cruzar la ruinosa pasarela que une Santa Mariña y el Ensanche A

Así está la pasarela que une Santa Mariña y el Ensanche A Los representantes vecinales de ambos barrios, María Rivera y Alejandro Dopico, acompañan a La Voz en la visita a la estructura

Ferrol

En el año 49 a. C., Julio César desoyó las órdenes del Senado romano, llegó a las orillas del Rubicón y, después de unos minutos de reflexión, se decidió a cruzar el puente. En ese instante se le atribuye la expresión «Alea iacta est» («La suerte está echada»). El río marcaba la frontera entre la Galia, donde se encontraba, e Italia, a donde llegó. Ese momento marcó el inicio de la segunda guerra civil de la República romana y, por ello, ahora la expresión «pasar el Rubicón», según la RAE, significa dar un paso decisivo arrostrando un riesgo. Desde hace años, las vías del tren son el Rubicón entre dos barrios de Ferrol y cada vez menos Julios César se atreven a cruzar por la pasarela que las atraviesa.

Los vecinos de Santa Mariña y el Ensanche A llevan años reclamando una nueva. Lo han intentado de todas las formas: concentraciones, plenos, escritos, reuniones..., pero por ahora no han conseguido ver su petición hecha realidad. Los dos barrios siguen estando unidos por una pasarela que apenas ha sido intervenida desde que se estrenó en los años 50. Por allí no parece haber pasado el tiempo. La estructura, entre las calles Instituto y Loureiro, tiene unos 30 metros de cemento. Por el lado del Inferniño hay que subir trece escalones para llegar a ella, con una barandilla que más que un apoyo supone un peligro. Por la otra parte hay que bajar cinco. A lo largo, una valla oxidada por los costados que dan a la vía del tren y que dividida en dos, tiene un alambre en el centro a modo de no se sabe bien qué. Parece abandonada sin estarlo, porque por allí pasan cada día decenas de personas, aunque cada jornada alguien deja de hacerlo.

Ninguna accesibilidad

«Calquera día pasa unha desgraza», dice Merche Ayerbe, vecina de Santa Mariña, que cayó hace dos meses en los escalones y se hizo un esguince. Todos los días la cruza con sus dos perros, pero tiene claro que está imposible para la gente de edad avanzada o con limitaciones. La inaccesibilidad es uno de los factores que la hacen más inútil.

El Concello de Ferrol anunció el 24 de enero que está ultimando la redacción del proyecto de ejecución de la nueva pasarela peatonal, una vez el ADIF ha autorizado su construcción. La concejala de Urbanismo, María Fernández Lemos, estimaba ayer que estará listo «entre finales de este mes y principios del siguiente». Se tratará de una estructura metálica que estará ubicada a unos metros de la actual, desde la calle Seselle hasta Loureiro. No obstante, su coste estimado en unos 400.000 euros está supeditado a la aprobación de los presupuestos del 2018.

La pasarela actual pertenece al Ministerio de Fomento, por lo que será el Estado el que decida qué hacer con ella, si dejarla ahí o derruirla. Además, para completar la obra lo ideal sería que se combinara al mismo tiempo con dos actuaciones más: una conexión para el tráfico rodado como continuación de la avenida de la Paz -que está cortada- y el arreglo del muro de contención. Para estas dos obras, también necesarias, se espera la financiación de Fomento, que no deja de ser una incógnita. «El puente para los coches es muy importante. La vuelta que tenemos que dar es tremenda», comenta Mercedes Rodríguez, vecina del Ensanche A, que sobre la estructura peatonal asegura que «tiembla cuando pasa el tren». Mientras, María Ignacia Fernández, que lleva toda su vida en Santa Mariña, la recuerda en el estado actual desde siempre: «Voy a morir y va a seguir estando así». Otro vecino incluso ironiza con «hacer que se caiga para que no les quede otra».

Máxima prioridad

La Voz cita encima de la pasarela a los dos actuales presidente de las asociaciones de vecinos, María Rivera (Santa Mariña) y Alejandro Dopico (Ensanche A), además de al secretario de esta última, Fernando Ocampo. Dopico define el proyecto como «a máxima prioridade» de su barrio, «por riba de todo», y lamenta que los dos barrios sigan incomunicados hasta la aprobación de las cuentas municipales.

«Estamos en febreiro do 2018 e seguimos nas mesmas. Isto non pode continuar así, paréceme un abuso. Os nenos que van ao instituto ou eu mesma para ir buscar o pan temos que dar unha volta de dous quilómetros», expone Rivera. Y es que las alternativas son ir por Caballo Blanco o por la estación de tren, un rodeo excesivo. «Non estamos dispostos a aturar máis mentiras, demostramos dabondo que é necesaria. Non queremos que nos sigan enganando, queremos unha data definitiva», concluye Dopico. Como dijo Silvia González, de Santa Mariña, en el pleno de noviembre, «los barrios acabarán conectados con tirolina», Como decía Julio César, la suerte está echada, pero falta que los implicados den el paso de una vez.

La calle Loureiro, paralela a la vía, continúa cortada, hundida, y con el talud caído

En peor estado que la pasarela se encuentra el camino de Loureiro que va paralelo al tendido ferroviario, justo al lado. Los corrimientos de tierra llevan provocando desde hace años que la pista ceda por uno de sus laterales y se lleve consigo el quitamiedos. Está cortada al tráfico, por dos vallas metálicas, pero aún así supone un peligro. En el mes de diciembre se produjo el último de los incidentes, cuando una joven se coló por uno de los huecos, quedando enterrada hasta el cuello. Iba acompañada y no hubo que lamentar una desgracia, aunque el susto fue enorme. «Eu non sei como non cae máis xente», dice una vecina. Bastaría con continuar el muro de contención que hay unos metros más allá.

Además, en la zona recuerdan como en los últimos meses tres coches que bajaban por la cuesta que viene de Santa Mariña no dieron la curva y se fueron directos a la pasarela. Como se puede ver en la imagen superior, uno incluso llegó hasta el otro lado.

No cesan las concentraciones

Para reivindicar la nueva pasarela, un buen número de vecinos se volvieron a movilizar el pasado 28 de enero, acompañados, como suele ser habitual, por el BNG. Una moción demostró que todos los partidos están de acuerdo en el proyecto, pero sigue sin ir a delante. Mientras, no cesarán con las protestas.

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