María Patiño: «Yo soy de flechazo, como no sea desde el minuto uno, nada»

«La Patiño» lleva más de 20 años haciendo corazón y asegura que por su gran timidez le cuesta aún acercarse a los personajes: «Prefiero moverme por el subterráneo». Más fría de lo que parece, solo le hincha la vena no poder convencer cuando ve algo claro

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María Patiño (Ferrol, 15 de agosto de 1971) va a fuego, pero enseguida se muestra como una mujer extremadamente tímida a la que le cuesta un mundo acercarse a los personajes. «No soy de fiestas, ni del cuerpo a cuerpo, prefiero moverme por el subterráneo para conseguir información». Ahora está al frente de Socialité, continuando su trayectoria como presentadora, una faceta que comenzó de forma muy espontánea hace cuatro años en Sálvame Deluxe.

-Ahora eres una presentadora total, ¿no?

-No sé si tan total, lo que pasa es que todo lo he vivido de una manera tan natural que para mí no ha sido un cambio drástico. Realmente la diferencia es que tengo más trabajo que antes. Al final mi carrera ha sido lenta, pero ha evolucionado en positivo, ha ido muy gradual.

-Trabajo más de hormiguita.

-Sí, pero he tenido mucha suerte, no te creas. No he tenido que esforzarme de manera sobrenatural, empecé con la alcachofa, todo ha ido poco a poco y he tenido la suerte de que he podido aprender sin colocarme de repente en una situación que en otro momento quizás no hubiera podido defender.

-El trabajo de calle es una escuela.

-Para mí desde luego lo fue. Cuando empecé a trabajar con paparazis, porque a mí no me gustaba tanto el trabajo de redacción, aprendí realmente lo que es mi género. Aprendes a producir y vender tu noticia.

-¿En estos 20 años qué dirías qué ha cambiado?

-Cuando empecé había más dinero y era más fácil pagar a un personaje para algo, ahora creo que se apuesta más por la historia que por el personaje. Yo siempre fui de apostar más por la historia también, porque un personaje por muy importante que sea si no tiene nada que contar no se vende solo. Siempre he sido muy partidaria de la televisión que se lleva hoy en día, no he sido nada oficialista. Me gusta más la parte incorrecta, soy más amiga del submundo: estoy siempre en los aledaños, soy la que se hace amiga del jardinero... Porque soy tan sumamente tímida y me cuesta tanto trabajo el comunicarme con el personaje que siempre he ido por el subterráneo.

-Qué extraño.

-Sí, no puedo. Me pongo a sudar, porque soy especialmente tímida, aunque parezca mentira.

-Te han engañado mucho, ¿entonces?

-Sí, porque nosotros también hemos sido amigos, psicólogos... de muchos personajes. Y yo tanto desgaste para ver luego que acudieron a diez más, que lo que me contaron no era así, pues no tengo tanto tiempo para perder ni ganas de disgustos.

-¿A ti qué te hincha la vena?

-El tener conocimiento de la verdad y no saber expresarla, además de manera absoluta. Cuando sabes algo que es claro, que lo sabes, y ves todavía alrededor personas que lo dudan o no lo ven. En ese sentido, por desgracia, me pongo mala. Me da rabia no poder convencer al resto. Porque yo sé qué va a pasar, sé qué es verdad y sufro de una manera descomunal y absurda. Luego me tranquilizo y entiendo que no vale tanto la pena. Además, luego la gente tiene que verlo a su manera.

-¿Vas a fuego?

-Sí, voy a fuego. Pero luego soy más fría de lo que parezco. Hay determinados temas que llevo peor que otros, pero tengo la capacidad de cortar. Porque yo de joven sufrí mucho y me pasó factura a nivel de salud. Yo ya fui jovencita y ya dije no, «yo no quiero morir en vida». Ahora corto de raíz, porque no me compensa, tengo una vida personal y el mundo no gira en torno a mí ni lo puedo cambiar yo.

-Tiene que ver más con los personajes, no con los compañeros.

-No, es un poco todo, porque con las redes sociales tomas contacto también, te afecta, quizás el personaje es el que menos me importa, es más mi entorno.

-Yo ahora estoy un poco perdida con el culebrón. ¿Pero a María Lapiedra te la crees o no?

-A ver, yo estoy con Gustavo, que es colega y amigo. Así que juego con ventaja, o con desventaja, porque no lo ves de una manera objetiva. Pero el caso de María lo veo con muchíiiiiiiisima claridad. Yo ya lo he dicho públicamente que lo está engañando, pero cada uno tiene que vivir su vida, y esto es como con los hijos: que tú lo puedes avisar, pero al final él tiene que vivir su historia de amor. Cuando pase lo que pase yo no voy a vivir mi satisfacción personal. María Lapiedra no me va a dar un Ondas [risas], no me lo va a dar, ni ninguna gratificación. Las cosas que las vivan como les dé la gana, lo digo por él y por ella.

-¿Galicia qué es para ti?

-Sigue siendo mi madre adoptiva, pero ahora la miro con más añoranza, porque mis padres se fueron en menos de dos años los dos y al final eran mi vínculo. Porque ellos eran los que tiraban de mí para ir a ver a los tíos los veranos. Ahora seré yo la que tenga que decidir volver, me cuesta, porque los dos están enterrados ahí. Lo vivo con más añoranza y más alegría, supongo que porque me hago mayor, recuerdo con más intensidad mi infancia. Galicia me ha dado lo más importante de mi vida, mis padres, que, además, mi padre viviendo en Sevilla seguía hablando gallego hasta que se fue. Me ayudó a seguir teniendo un vínculo criándome en Sevilla. Yo soy gallega.

-¿Has llegado donde querías?

-Yo nunca he tenido una ambición, solo una obsesión: ser indepediente. Porque hace años tuve que pedir dinero por circunstancias y aquello fue como un trauma. Y siempre quise la independencia de pagar mis facturas. Yo tengo una vida normal, con cierto desahogo, pero llevo 14 años en el mismo piso, mis mismos amigos, hago exactamente lo mismo. A lo mejor te dicen ‘estás más sensata’, ‘o más madura’, pero yo no sé si estoy más sensata o más madura, yo no sé si estoy más tranquila, depende del día. Lo que he tenido siempre ha sido mucha confianza en mí, otra cosa es la imagen que yo proyectara. Así que cuando me dijeron que si quería presentar, yo sé que había gente que pensaba: ‘Esta chica cómo va a ser mediadora ¡si no es capaz de mediar con ella misma!’. Pero yo sabía que era capaz, y si no lo hubiese sido hubiera dicho que no sin problema. Lo de Socialité surgió y dije ‘vale, vamos’ y así fue.

-Eres de tirarte.

-Es que si lo veo claro, es como elegir un vestido. Yo lo veo en la percha y no me lo pienso. Y otros por mucho que me digan que me lo pruebe ya sé que no me gusta o no me va a quedar bien. Yo para comentar realities no soy nada buena, por ejemplo. Me lo tomo todo tan en serio que al final soy muy intensa y muy coñazo. Entonces, intento explotar aquello que yo sé que es mejor de mí.

-¿En el amor también eres así?

-Sí, sí. Yo soy de flechazo, como no sea desde el minuto uno, nada. A mí eso de ‘es como un amigo y con el tiempo’, no me va. Yo no quiero escupir para arriba, pero es verdad que hasta ahora las relaciones que yo he tenido han sido de ‘uf, me mareo y me muero. Me he enamorao’. Me enamoro en un segundo. Otra cosa es que dure o no dure, pero yo soy muy de flechazos para todo. Desde comprarme un árbol de Navidad hasta enamorarme. Soy de impulsos, pero impulsos que siento de verdad, no inmaduros de capricho. Es que se me da la vuelta el corazón y sé que me ‘he enamorao’.

-¿Los de «Sálvame» sois una piña?

-A ver, yo tengo buena relación con todos. Al llegar allí, como me incorporaba de otro programa, pues creo que lo primero fue ir con humildad. Además, si tú respetas, recibes lo mismo. Es verdad que yo tengo sintonía con Gema López y Chelo García Cortés, pero salgo con Mila. Jorge Javier es amigo desde hace años, pero a veces me cabreo también con mis amigos de allí. Les dejo de hablar, luego nos perdonamos, pero así mal rollo de no querer ir a trabajar yo no lo he sentido nunca. Pero sí, me enfado, te dejo de hablar y no te cojo el teléfono. A veces son chiquilladas.

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